El cobre volvió a hacer historia. El precio del metal rojo alcanzó ayer un máximo de 14.533 dólares por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres (LME), superando el récord registrado en enero, en medio de crecientes temores sobre la disponibilidad del mineral y una demanda que promete seguir aumentando en los próximos años.
El avance estuvo impulsado, principalmente, por las señales de una menor producción en Chile, el mayor productor mundial de cobre. La producción chilena cayó un 9,4% interanual, afectada por condiciones climáticas desfavorables, mientras que las exportaciones también mostraron un retroceso en las últimas semanas. En agosto, además, los envíos del país alcanzaron su nivel más bajo en más de un año, pese a los precios récord.
La situación chilena se suma a problemas operativos registrados en otras importantes zonas productoras, entre ellas Indonesia. El resultado es una mayor preocupación por la capacidad de las minas para satisfacer el consumo global. Las grandes explotaciones mineras del mundo envejecen y enfrentan dificultades para elevar su producción con la rapidez necesaria, mientras abrir nuevos yacimientos requiere enormes inversiones y años de desarrollo.
Al mismo tiempo, el cobre se convirtió en un insumo cada vez más estratégico. Es indispensable para las redes eléctricas, las energías renovables y numerosos equipos industriales, pero también para los centros de datos que sostienen el desarrollo de la inteligencia artificial y para distintas aplicaciones vinculadas con la defensa. Esta combinación alimenta las expectativas de un crecimiento sostenido de la demanda.
La presión también se siente en Estados Unidos. Las importaciones estadounidenses de cobre refinado alcanzaron en julio un récord de 225.000 toneladas, el mayor volumen desde que comenzó esa serie estadística, en 1990. Los operadores enviaron grandes cantidades al país para aprovechar la diferencia entre los precios de Nueva York y los de otros mercados, en un contexto marcado por la posibilidad de nuevos aranceles.
Aunque Donald Trump había amenazado con imponer gravámenes específicos al cobre, su última batería arancelaria dejó fuera al metal refinado y se concentró en productos semielaborados, como tubos, alambres, barras y placas. Sin embargo, el mercado continúa atento a la posibilidad de que Washington amplíe las medidas.
El cobre acumula una suba cercana al 17% en el último año y el avance beneficia especialmente a las grandes compañías mineras. Rio Tinto, BHP, Glencore y Zijin Mining registraron fuertes mejoras en sus resultados gracias al desempeño de sus negocios cupríferos.
El récord, sin embargo, también refleja una advertencia: si la producción no logra acompañar el crecimiento de la demanda, el cobre podría convertirse en uno de los recursos más disputados de la transición energética y tecnológica. El desafío será aumentar la oferta sin perder de vista los costos ambientales, financieros y geopolíticos que implica desarrollar nuevas minas en un mercado cada vez más estratégico.
SUSCRIBITE a esta promo especial