Después de casi cuatro años de guerra de desgaste, el escenario del conflicto en Ucrania comienza a mostrar señales de cambio. Rusia, que apostó durante todo este tiempo a resistir más que su adversario, enfrenta ahora crecientes dificultades en el campo de batalla, mientras los ataques ucranianos con drones golpean posiciones militares, rutas logísticas e incluso la industria energética dentro de territorio ruso. Sin embargo, pese a los costos crecientes, el presidente Vladimir Putin mantiene sus objetivos maximalistas y no da señales de abandonar la ofensiva.
La invasión rusa, que en sus primeros meses buscaba una rápida victoria sobre Kiev, se transformó en una guerra prolongada donde cada avance cuesta enormes recursos humanos y materiales. Las fuerzas rusas continúan avanzando en algunos sectores del frente, especialmente en la región oriental de Donetsk, pero a un ritmo mucho menor que el esperado por Moscú. Al mismo tiempo, las bajas superan la incorporación de nuevos reclutas, lo que alimenta las especulaciones sobre una posible nueva movilización militar que Putin hasta ahora evita por su alto costo político.
INFRAESTRUCTURA GOLPEADA
Uno de los cambios más importantes de los últimos meses está relacionado con la guerra tecnológica. Ucrania logró desarrollar una flota de drones de largo alcance capaz de atacar objetivos muy alejados del frente, incluyendo refinerías y centros energéticos rusos.
Estos golpes provocaron interrupciones en el suministro de combustible en algunas regiones y obligaron al Kremlin a redistribuir sus sistemas de defensa para proteger un territorio enorme.
“La fortaleza histórica de Rusia, su tamaño, ahora se convirtió en una desventaja”, explicó Nigel Gould-Davies, investigador del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, al señalar que Moscú enfrenta el desafío de defender miles de kilómetros de infraestructura estratégica.
En el frente terrestre, Ucrania también logró adaptarse. Las tropas de Kiev han mejorado sus defensas contra los drones rusos mediante sistemas de detección, interferencia electrónica y pequeños aparatos interceptores. Además, desarrollaron nuevas tácticas que combinan unidades de infantería con ataques de drones para recuperar posiciones y lanzar contraofensivas limitadas.
“Ucrania está recuperando poco a poco la iniciativa y desafiando a los rusos en áreas donde son más débiles”, afirmó Konrad Muzyka, analista militar polaco. Según otros especialistas, mientras el ejército ucraniano continúa evolucionando, Rusia mantiene tácticas similares a las utilizadas durante el año pasado, sin lograr una adaptación equivalente.
El cambio en la percepción del conflicto también llegó a Washington. Donald Trump, que anteriormente había cuestionado la capacidad militar ucraniana, destacó recientemente el desarrollo tecnológico de Kiev y sus avances en drones de largo alcance. Según funcionarios estadounidenses, el mandatario comenzó a recibir informes de inteligencia sobre estas nuevas capacidades y se mostró sorprendido por la eficacia de los ataques ucranianos.
Sin embargo, la guerra está lejos de terminar. Ucrania sigue enfrentando una amenaza grave por parte de los misiles balísticos rusos, considerados una de las últimas grandes ventajas militares de Moscú. El presidente Volodimir Zelenski pidió a sus aliados occidentales más sistemas Patriot para proteger ciudades e infraestructura crítica, especialmente ante el temor de nuevos ataques contra las redes de electricidad y calefacción durante el próximo invierno boreal.
La invasión rusa se transformó en una guerra prolongada donde cada avance tiene un gran costo
El gran interrogante es cuándo Putin decidirá que la guerra dejó de ser beneficiosa para Rusia. Algunos funcionarios estadounidenses creen que el líder ruso podría aceptar un acuerdo de paz antes de fin de año, pero otros analistas consideran que esa posibilidad es remota.
Para muchos especialistas, el conflicto se convirtió en un proyecto personal del presidente ruso, dispuesto a sostenerlo sin importar los costos.
“Putin está preparado para una guerra de desgaste prolongada”, sostuvo Ruslan Pukhov, director del Centro de Análisis de Estrategias y Tecnologías de Moscú. Según el analista, el Kremlin sigue convencido de que puede alcanzar sus objetivos, pese a que la situación estratégica se ha deteriorado.
La presión sobre Rusia también crece por el impacto económico de los ataques ucranianos.
Las operaciones contra refinerías y otras instalaciones energéticas obligan a Moscú a elegir qué zonas proteger y qué infraestructura dejar expuesta.
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