Lejos del bullicio y los lujos del Vaticano, en Santarcangelo di Romagna, un hombre vestido de negro trabaja sobre un dibujo a medio terminar. Con unos pocos trazos de lápiz, Filippo Sorcinelli da forma a una nueva vestidura litúrgica. A sus 51 años, este diseñador italiano se convirtió en una referencia internacional del arte sacro y creador de ornamentos para los tres últimos papas: Benedicto XVI, Francisco y ahora León XIV.
Este sábado, durante una misa en Rímini, León XIV lució una casulla verde y blanca diseñada por Sorcinelli. La pieza fue confeccionada con seda verde e incorpora incrustaciones de oro y plata y piedras de ágata verde. El color, profundo y solemne, busca evocar el período del año litúrgico dedicado a la esperanza y la creación.
Pero la prenda dialoga con el lugar donde fue utilizada. El puerto de Rímini inspiró detalles que recuerdan los ojos de buey de los barcos. Así, la vestidura incorpora elementos del paisaje.
25 AÑOS DE OFICIO
Apodado “modisto de lo sagrado” por la revista Vogue, Sorcinelli dirige desde hace 25 años el Atelier LAVS, dedicado a la confección de vestimentas religiosas. Junto a un equipo de 11 costureras transforma sus dibujos en casullas, mitras y ornamentos destinados a sacerdotes, obispos y pontífices. Un encargo papal puede demandar desde unas pocas semanas hasta tres o cuatro meses de trabajo.
Para él, vestir a un papa no implica privilegios. “Vestir a un papa es, ante todo, como vestir a un sacerdote”, explica. Las normas litúrgicas son para él líneas guía que permiten respetar la función y dignidad de quien lleva la prenda. Porque una vestidura religiosa no es simplemente ropa: forma parte de una ceremonia y transmite un mensaje. Su vínculo con ese universo nació cuando era niño, en la pequeña iglesia de Mondolfo, en la región de Las Marcas. Allí acompañaba a su madre para ayudar a limpiar el templo y quedó fascinado por el olor del incienso y las antiguas telas que se conservaban en la sacristía. Aquellos recuerdos se convirtieron en una vocación.
La música también ocupa un lugar central en su vida. Sorcinelli fue organista principal de la catedral de Rímini y de otras iglesias cercanas. Su actividad se extendió a los perfumes y productos para el cuerpo, pero la fe sigue siendo el motor de su trabajo.
Su historia tiene incluso un vínculo personal con el actual pontífice. Cuando era joven conoció al entonces sacerdote agustino Robert Prevost, el hombre que años después sería elegido papa León XIV. Desde aquel encuentro no volvieron a hablar, y ahora su relación profesional pasa por la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, donde Sorcinelli presenta diseños y muestras de telas.
Después de haber vestido a tres papas, el diseñador no piensa detenerse. Considera que el arte es una fuente inagotable de expresión y que dejar de crear equivaldría a dar por terminada la propia existencia. Por eso sigue dibujando, cosiendo ideas y buscando nuevas formas de unir belleza, tradición y fe.
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