La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a sacudir a los mercados internacionales y provocó un fuerte salto en el precio del petróleo. El barril de crudo llegó a rozar los US$90, impulsado por el recrudecimiento de los ataques contra buques petroleros en el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del mundo.
El movimiento refleja el temor de los inversores a una interrupción del suministro global de crudo. El estrecho de Ormuz concentra cerca del 20% del comercio marítimo mundial de petróleo, por lo que cualquier amenaza a la navegación en esa zona tiene un impacto inmediato sobre las cotizaciones internacionales.
Los ataques atribuidos a Irán contra embarcaciones comerciales incrementaron la percepción de riesgo entre las compañías navieras y los operadores energéticos, lo que impulsó una nueva ola de compras especulativas en el mercado petrolero.
La incertidumbre también se trasladó a los mercados financieros. El encarecimiento del petróleo alimenta las expectativas de una mayor inflación a nivel global, ya que un aumento en el costo de la energía suele trasladarse al transporte, la industria y los precios finales de bienes y servicios. Analistas advierten que, si el conflicto continúa escalando o se producen nuevas interrupciones en Ormuz, el barril podría superar nuevamente los US$90 e incluso acercarse a los US$100.
El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el océano Índico y es la principal vía de salida del petróleo producido por países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Kuwait, Qatar e Irán. Por esa razón, cualquier amenaza sobre esa ruta marítima suele generar una rápida reacción en los mercados internacionales.
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