Los grandes fenómenos de El Niño suelen dejar pérdidas económicas multimillonarias. Las sequías reducen la producción agrícola, afectan exportaciones y elevan el precio internacional de alimentos básicos. Las inundaciones, por su parte, dañan infraestructura, viviendas y sistemas de transporte.
Además, las temperaturas extremas generan presión sobre el consumo energético y sobre los sistemas sanitarios. En muchos países, los periodos de sequía también provocan caída del empleo rural, migraciones internas y aumento del abandono escolar.
India ya comenzó a realizar reuniones preparatorias frente a la posibilidad de un monzón más débil. Especialistas de ese país sostienen que hoy existen herramientas suficientes para evitar escenarios de hambruna, aunque reconocen que una fuerte sequía tendría consecuencias directas sobre el crecimiento económico y el consumo interno.
Los efectos más intensos de El Niño suelen sentirse durante el año siguiente a su formación. Por ese motivo, numerosos científicos consideran que 2027 podría convertirse en el año más cálido desde que existen mediciones globales.
El avance del calentamiento global generado por la actividad humana agrega una nueva dimensión al problema. Para muchos investigadores, la combinación entre cambio climático y un fenómeno extremo de El Niño podría llevar al sistema climático mundial a niveles de estrés nunca antes observados en la era moderna.
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