El director de la CIA, John Ratcliffe, protagonizó una visita sorpresa a Moscú que duró apenas unas horas y cuyo objetivo permanece rodeado de misterio. Llegó ayer a la mañana y abandonó la capital rusa por la tarde, sin que Washington ni Moscú explicaran oficialmente el motivo. El viaje fue detectado por Flightradar24: un avión militar estadounidense partió de la base Andrews, cerca de Washington, hizo escala en Riga, Letonia, y aterrizó en el aeropuerto Vnúkovo. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo no tener información sobre la llegada del aparato.
La visita fue confirmada por fuentes anónimas a medios estadounidenses y se produce mientras las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania, impulsadas por Washington, permanecen estancadas. Además, la agenda de Vladimir Putin habría sido modificada a último momento, lo que alimentó versiones sobre un posible encuentro con Ratcliffe.
Una de las hipótesis apunta a un nuevo intercambio de prisioneros. Ratcliffe participó en anteriores negociaciones, incluida la liberación en 2025 de la ruso-estadounidense Ksenia Karelina. Canales rusos vincularon ahora su viaje con Charles Zimmerman, un veterano de la Marina estadounidense de 58 años condenado en enero a cinco años de prisión por posesión y tráfico ilegal de armas.
Zimmerman había viajado a Rusia para conocer a una mujer con la que contactó por internet y fue detenido cuando su yate atracó en Sochi con un rifle a bordo. La prensa rusa sostiene que Putin firmó recientemente dos decretos secretos y que uno podría estar relacionado con un eventual indulto.
La llegada de Ratcliffe tuvo además repercusión en los mercados: la Bolsa de Moscú subió 2,7%. También surgieron versiones sobre una posible nueva movilización rusa, aunque Moscú las negó.
El viaje tiene un fuerte peso simbólico: es la primera visita de un director de la CIA a Rusia en casi cinco años. Su antecesor, William Burns, viajó a Moscú en noviembre de 2021, pocos meses antes de la invasión de Ucrania.
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