Tres años después del ataque del 7 de octubre, el miedo sigue marcando la mirada de muchos israelíes sobre Gaza. En las comunidades fronterizas, el recuerdo permanece en monumentos, autos acribillados y retratos de jóvenes asesinados.
En un mirador cercano a la Franja, vecinos observan con binoculares la devastada Beit Hanoun. Algunos contemplan las ruinas; otros celebran la destrucción. La escena expone hasta qué punto el trauma transformó la percepción del territorio palestino.
“Estamos con estrés postraumático, todos nosotros”, afirmó Ziporah Livneh. Para otros, la empatía hacia los palestinos sigue siendo casi imposible.
El 7 de octubre, milicianos encabezados por Hamás mataron a unas 1.200 personas y secuestraron a otras 251. El ataque quebró la sensación de seguridad de una sociedad que todavía reclama que su dolor sea comprendido.
Mientras Gaza permanece devastada, el debate sobre el sufrimiento palestino sigue relegado. “Pienso en ellos, y es complicado”, admitió Adi Marmelstain.
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