El Vaticano dio un paso de enorme trascendencia al declarar formalmente en cisma a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), un movimiento tradicionalista que desafió la autoridad del papa León XIV al consagrar cuatro obispos sin autorización pontificia.
Además de excomulgar a los nuevos obispos y a los dos prelados que participaron de la ceremonia, la Santa Sede extendió la sanción a los cerca de 750 sacerdotes de la organización y advirtió que también podrán quedar excomulgados los fieles que adhieran formalmente a sus posiciones.
La decisión llegó después de que la FSSPX ignorara el pedido del Papa de suspender las consagraciones realizadas en su seminario de Écône, Suiza, ante unas 15.500 personas, el último miércoles. En un decreto, la Congregación para la Doctrina de la Fe calificó el hecho como un “acto cismático” que rompe la comunión con la Iglesia católica.
Como parte de las medidas, el Vaticano declaró inválidos los sacramentos de confesión y matrimonio administrados por sacerdotes de la FSSPX, aunque aclaró que las sanciones no alcanzan a quienes asisten ocasionalmente a sus misas por motivos espirituales y reconocen la autoridad del Pontífice.
La Fraternidad nació en 1970 de la mano del arzobispo francés Marcel Lefebvre como rechazo a las reformas del Concilio Vaticano II, especialmente al abandono de la misa exclusivamente en latín y a la apertura de la Iglesia hacia otras religiones. Tras décadas de intentos de reconciliación, el Vaticano consideró que el grupo consolidó una estructura paralela incompatible con la unidad eclesial.
La FSSPX calificó las sanciones de “injustas” y expresó su sorpresa por la dureza de la respuesta. Sin embargo, la Santa Sede dejó abierta la puerta a una eventual reconciliación, invitando a sacerdotes y fieles a profesar nuevamente su fidelidad al papa y aceptar las enseñanzas fundamentales del Concilio Vaticano II para recuperar la plena comunión con la Iglesia.
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