Francia se prepara para una cosecha de vino histórica, pero por una razón nada alentadora. La producción vitivinícola de 2026 caerá por debajo de los 34 millones de hectolitros, hasta unos 33,9 millones, según las estimaciones del Ministerio de Agricultura. Será la menor desde 1957 y una de las más bajas de las últimas tres décadas.
El volumen representa una caída del 6% respecto de 2025 y del 17% frente al promedio de los últimos cinco años. La combinación de una menor superficie de viñedos y rendimientos más bajos explica el retroceso, agravado por un verano boreal marcado por la sequía y sucesivas olas de calor. El clima alteró incluso el calendario tradicional. En buena parte del país, la vendimia comenzó en agosto, mucho antes de lo habitual, porque las altas temperaturas aceleraron la maduración de las uvas. El calor provocó quemaduras solares, pérdida de hojas y marchitamiento de los racimos, mientras la falta de lluvias profundizó la sequedad de los suelos.
Champagne es una de las regiones más golpeadas. Allí, la vendimia fue la más temprana registrada y se prevé que la producción caiga cerca de un 49%, casi la mitad respecto de 2025. Los viticultores debieron apresurar la recolección para evitar que el exceso de azúcar elevara demasiado el grado alcohólico potencial del vino. Otras zonas también sufrirán fuertes descensos: Bourgogne-Beaujolais perdería un tercio de su producción, mientras Val de Loire y Charentes retrocederían un 12% y un 6%, respectivamente. En Languedoc-Rosellón, en cambio, se espera una recuperación del 5% respecto de la débil cosecha anterior, aunque el volumen seguirá por debajo del promedio. El golpe llega además en un momento difícil para el sector, que enfrenta un consumo interno en mínimos de más de seis décadas y los efectos de los aranceles estadounidenses.
Para amortiguar las pérdidas, el Gobierno francés anunció ayudas de emergencia por más de 1.000 millones de euros para los agricultores.
SUSCRIBITE a esta promo especial