La derrota del Partido Republicano en las elecciones legislativas de mitad de mandato de Estados Unidos provocó una inmediata repercusión internacional, con reacciones que oscilaron entre el entusiasmo de los gobiernos europeos, la prudencia diplomática de China y Rusia y las duras advertencias de Irán.
Las reacciones más favorables llegaron desde Europa, donde distintos dirigentes interpretaron el avance demócrata como una señal política significativa.
El ministro francés de Relaciones Exteriores, Jean-Noël Barrot, calificó el resultado como “una muy buena noticia para la democracia estadounidense”.
Desde España, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fue todavía más contundente. Consideró que la denominada “ola ultra” se “desmorona” y vinculó el resultado estadounidense con un rechazo a determinadas políticas económicas y sociales.
Por su parte, el dirigente laborista británico Andy Burnham consideró que el escenario político ofrece una oportunidad para concentrar esfuerzos internacionales en el costo de vida, aunque advirtió que difícilmente puedan alcanzarse avances significativos sin resolver los conflictos bélicos.
RUSIA Y CHINA
Rusia, en tanto, evitó las declaraciones confrontativas y puso el acento en la continuidad de los contactos diplomáticos.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, recordó que Trump seguirá ejerciendo la presidencia estadounidense y expresó su expectativa de que mantenga los esfuerzos de mediación para encontrar una salida al conflicto en Ucrania.
China adoptó una posición igualmente cautelosa. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mao Ning, definió los comicios como “un asunto interno de Estados Unidos” y evitó evaluar públicamente la victoria demócrata.
No obstante, ratificó la voluntad de Pekín de mantener abiertos los canales de comunicación con Washington, preservar los entendimientos alcanzados entre ambos presidentes y gestionar las diferencias bilaterales.
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