Los líderes nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte se reunirán hoy en Cardiff (capital de Gales) para reclamar un nuevo reparto de poder dentro del Reino Unido y reclamar mayor autonomía. Rhun ap Iorwerth, líder de Plaid Cymru; John Swinney, del Partido Nacional Escocés (SNP), y Michelle O’Neill, del Sinn Féin, firmarán un memorando para coordinar sus demandas.
El documento, sin efecto legal para convocar consultas, reclamará a Londres el derecho de sus territorios a celebrar referendos sobre su futuro constitucional y más competencias para los gobiernos autónomos.
Por primera vez, las tres administraciones descentralizadas están encabezadas por fuerzas que defienden la independencia o la reunificación de sus territorios.
La cumbre llega tras las polémicas declaraciones de Donald Trump en Dublín a favor de una Irlanda reunificada. La presencia de Mary Lou McDonald, presidenta del Sinn Féin, reforzará el reclamo de una nueva relación entre las naciones que integran el Reino Unido.
Escocia llega al encuentro con el antecedente del referéndum de 2014, cuando el 55,3% rechazó la independencia y el 44,7% la respaldó. El SNP mantiene la demanda de una nueva consulta, pero en 2022 la Corte Suprema británica determinó que el Parlamento escocés no puede convocarla unilateralmente. Londres sostiene que otro referéndum no está sobre la mesa mientras no exista un respaldo mayoritario.
Escocia cuenta con un Parlamento y un Gobierno propios y amplias competencias en áreas como salud, educación y justicia, mientras Westminster conserva atribuciones clave, entre ellas defensa, relaciones exteriores y parte de la política económica.
Gales también tiene instituciones autónomas, pero con menos competencias. El Senedd (parlamento) puede legislar sobre las materias transferidas desde Londres. Otras competencias siguen reservadas a Westminster. Plaid Cymru defiende la independencia aunque el actual Ejecutivo galés descartó celebrar un referéndum durante esta legislatura.
El caso de Irlanda del Norte es diferente. Allí la cuestión constitucional es la posibilidad de integrarse en una Irlanda unificada. El Acuerdo de Viernes Santo de 1998 establece que un cambio de estatus requiere el consentimiento de una mayoría de la población norirlandesa. La convocatoria de un referéndum corresponde al Gobierno británico si considera posible que esa mayoría apoye la reunificación.
Sin embargo, Londres sostiene que actualmente no existe una mayoría que justifique una consulta. La presencia de Sinn Féin al frente del Ejecutivo norirlandés mantiene abierta la discusión sobre el futuro de la región.
La reunión de Cardiff no significa que la ruptura del Reino Unido sea inminente. El memorando tampoco puede convocar por sí mismo referendos ni modificar el marco constitucional. Su importancia reside en unir a las tres principales fuerzas nacionalistas de las naciones no inglesas.
Swinney sostiene que el actual statu quo no es sostenible y que la independencia ofrece un nuevo comienzo.
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