Europa enfrenta una de las peores crisis por incendios forestales de los últimos años. Grandes focos activos en España, Francia y Grecia mantienen en alerta a las autoridades mientras el calor extremo, los fuertes vientos y la sequedad del terreno favorecen la propagación de las llamas. El desastre ya arrasó más de 250.000 hectáreas entre los principales frentes, obligó a evacuar a cientos de miles de personas y dejó víctimas fatales, además de cuantiosas pérdidas económicas y ambientales.
En España, la emergencia sigue siendo muy delicada. En el este del país, el incendio iniciado el sábado en Vall d’Uixó, en Castellón, permanece fuera de control tras consumir unas 10.000 hectáreas de monte. Los medios aéreos retomaron las tareas al amanecer después de una jornada marcada por rebrotes y condiciones meteorológicas adversas. El perímetro del fuego supera los 75 kilómetros y unas 10.000 personas continúan evacuadas.
En el centro del país la evolución comenzó a ser más favorable, aunque la destrucción es enorme. En la Comunidad de Madrid las llamas devastaron unas 34.000 hectáreas y todavía permanecen fuera de sus hogares unas 11.000 personas, mientras que otras 44.000 ya pudieron regresar. En Ávila, el peor incendio forestal de la historia de España consumió más de 50.000 hectáreas. Si bien algunos vecinos volvieron a sus casas, las autoridades mantienen la máxima prudencia ante la llegada de una nueva ola de calor que podría reactivar los focos.
PANORAMA DEVASTADOR
El fuego dejó un panorama devastador: cientos de viviendas, explotaciones agropecuarias, fábricas, comercios, vehículos e infraestructuras destruidos, además de graves daños sobre bosques y ecosistemas de enorme valor ambiental.
La situación tampoco da tregua en Francia. El gigantesco incendio de Gironda, considerado el mayor registrado en el país desde 1949, permanece estabilizado pero continúa muy activo. Las llamas ya arrasaron 42.000 hectáreas y obligaron a evacuar preventivamente a unas 222.000 personas en 24 municipios. Aunque más de 57.000 habitantes pudieron regresar a sus casas, el peligro persiste debido a los continuos rebrotes dentro del enorme perímetro incendiado.
Las temperaturas, que alcanzaron hasta 41 grados, junto con la baja humedad y el viento, mantienen al departamento en alerta máxima. Más de 2.700 bomberos, apoyados por 1.700 militares y 22 aeronaves, siguen desplegados sobre el terreno. Bélgica envió refuerzos y el Gobierno francés distribuye millones de mascarillas para proteger a la población del humo, mientras continúan suspendidas conexiones ferroviarias y permanece cortado un extenso tramo de la autopista A63 hacia la frontera española.
A este escenario se suma Grecia, donde la tragedia adquirió un dramático costo humano. Ayer murió un tercer bombero durante las tareas de extinción, después del fallecimiento de otros dos efectivos atrapados por las llamas en la isla de Creta. Allí el incendio obligó a evacuar siete localidades, incluida la turística Ayia Galini, de donde fueron retirados unos 2.000 visitantes junto con los residentes. Varias viviendas quedaron destruidas y decenas de personas debieron ser rescatadas por mar.
Frente a una emergencia que ya afecta a buena parte del sur de Europa, la Unión Europea mantiene activado su Mecanismo de Protección Civil para coordinar el envío de aviones, helicópteros, vehículos y centenares de bomberos desde distintos países hacia España y Francia.
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