Una combinación de calor extremo, sequía y olas de temperatura récord amenaza con provocar la peor cosecha de cereales en Europa en más de una década, un escenario que podría convertirse en una oportunidad para los países exportadores del Mercosur. Con una fuerte caída en la producción de maíz y trigo, la Unión Europea deberá incrementar sus importaciones de granos para abastecer su mercado interno y alimentar a su sector ganadero, al tiempo que reducirá su capacidad exportadora.
Las últimas estimaciones de la patronal europea del comercio de cereales y oleaginosas (Coceral) encendieron las alarmas. La entidad calcula que la producción conjunta de cereales de la Unión Europea y el Reino Unido alcanzará este año apenas 286,6 millones de toneladas, unos 23,5 millones menos que en 2025, lo que representa un descenso cercano al 10%. Hace apenas unos meses, las previsiones eran bastante más optimistas y superaban los 295 millones de toneladas.
DURO IMPACTO EN LOS CULTIVOS
El deterioro afecta a prácticamente todos los cultivos, aunque el impacto más fuerte se registra en el maíz y el trigo. La combinación de lluvias escasas y sucesivas olas de calor durante junio y julio dejó los suelos extremadamente secos justo en una etapa crítica para el desarrollo de los cultivos, reduciendo los rendimientos en gran parte del continente.
Francia concentra buena parte de la crisis. El principal productor agrícola de Europa sufrirá una pérdida cercana a la mitad de toda la reducción prevista para el bloque. Los analistas estiman que la cosecha francesa de maíz caerá por debajo de los ocho millones de toneladas, un nivel que no se registraba desde la histórica sequía de 1976.
En algunas regiones, la situación es tan delicada que numerosos productores optaron por cortar anticipadamente los cultivos para utilizarlos como forraje, renunciando directamente a cosechar el grano.
La problemática no se limita al territorio francés. España, Hungría, Alemania e Italia también registran importantes pérdidas debido a las altas temperaturas y la falta de precipitaciones. Rumania aparece como la excepción, favorecida por una primavera mucho más lluviosa que permitió mejorar sus perspectivas productivas.
Las consecuencias económicas también son significativas. La consultora ECIU estima que una sola ola de calor registrada en junio destruyó alrededor de nueve millones de toneladas de producción agrícola y ocasionó pérdidas superiores a los 2.000 millones de euros, de las cuales casi la mitad corresponde a Francia.
BUENA CHANCE PARA EL MERCOSUR
Para el Mercosur, este panorama representa una oportunidad comercial. Con una menor disponibilidad de cereales europeos, el bloque comunitario necesitará aumentar las compras externas, especialmente de maíz destinado a la alimentación animal. Al mismo tiempo, la menor oferta de trigo europeo abrirá espacio para que otros exportadores ganen participación en los mercados internacionales.
Países como Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay podrían beneficiarse de este escenario si logran responder a una mayor demanda internacional. Además, la menor oferta europea ejercerá presión sobre los precios internacionales de los granos, favoreciendo potencialmente a los grandes productores agrícolas del hemisferio sur.
La situación también reabre el debate sobre la seguridad alimentaria europea y sobre el futuro de la Política Agrícola Común (PAC), que absorbe cerca de un tercio del presupuesto de la Unión Europea. Bruselas ya trabaja en una reforma que comenzará a aplicarse en 2027 y que buscará reforzar la capacidad del sector para enfrentar fenómenos meteorológicos extremos mediante inversiones en riego, investigación genética y adaptación al cambio climático.
Mientras tanto, especialistas advierten que el margen entre la producción mundial y el consumo de cereales sigue siendo muy estrecho. Por ello, cualquier pérdida significativa en una de las principales regiones productoras del planeta repercute rápidamente en los mercados internacionales, elevando los precios y modificando los flujos comerciales. En ese contexto, el Mercosur aparece como uno de los principales candidatos para cubrir parte del déficit que dejará una de las peores campañas agrícolas europeas de los últimos años.
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