Durante casi dos décadas, Alan Greenspan fue la cara de la política monetaria de Estados Unidos y uno de los economistas más influyentes del mundo. El expresidente de la Reserva Federal murió ayer a los 100 años, dejando un legado marcado por la estabilidad económica de los años noventa, pero también por las críticas tras la crisis financiera de 2008.
Conocido como el “Oráculo” o el “Maestro”, dirigió la Fed entre 1987 y 2006, convirtiéndose en uno de los presidentes con mayor permanencia al frente del banco central. La institución destacó que, bajo su conducción, se consolidó un prolongado período de estabilidad de precios que favoreció el crecimiento económico y fortaleció la confianza en la política monetaria.
Nacido en Nueva York, Greenspan destacó desde niño por su talento para las matemáticas. Aunque inicialmente estudió música, orientó luego su carrera hacia la economía. Fue asesor del presidente Richard Nixon y más tarde ocupó responsabilidades económicas durante la administración de Gerald Ford.
NOMBRADO POR REAGAN
En 1987, Ronald Reagan lo designó al frente de la Fed, cargo que conservó también durante los gobiernos de George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush.
Su primer gran desafío llegó pocas semanas después de asumir, cuando enfrentó el histórico desplome bursátil del “Lunes Negro”. La rápida inyección de liquidez permitió contener el pánico y consolidó su prestigio internacional.
Años después popularizó la expresión “exuberancia irracional” para advertir sobre la burbuja tecnológica.
Sin embargo, su reputación quedó golpeada tras la crisis financiera de 2008. Muchos economistas le atribuyeron parte de la responsabilidad por favorecer la desregulación y mantener bajas las tasas de interés, factores que alimentaron la burbuja inmobiliaria.
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