Francia atravesó este sábado una jornada de fuertes protestas contra el encarecimiento de la vida que terminó con incendios, saqueos y ataques a edificios públicos en distintas ciudades. Uno de los episodios más graves ocurrió en Limoges, donde manifestantes incendiaron el histórico ayuntamiento y provocaron daños de gran magnitud en el inmueble. El ministro del Interior, Laurent Núñez, informó que hubo 400 detenidos en el marco de los disturbios.
En Limoges, un grupo de manifestantes encapuchados incendió un vehículo policial frente a la sede municipal, rompió ventanas e ingresó al edificio, donde inició el fuego. Las llamas alcanzaron un ala y el techo del inmueble, mientras los bomberos trabajaban para evitar que el incendio se propagara al resto de la estructura.
Las imágenes difundidas en redes sociales mostraron la magnitud del siniestro y el colapso de una parte de la cúpula del edificio, construido hace 143 años y considerado parte del patrimonio histórico de la ciudad.
El prefecto local, Maurice Barate, afirmó que el ayuntamiento había quedado “prácticamente destruido”. Según detalló, el techo se derrumbó sobre las plantas inferiores, con excepción del ala oeste, y dos tercios de la fachada habían desaparecido. El funcionario calificó lo ocurrido como una “catástrofe para el patrimonio” y condenó el ataque.
La movilización superó las previsiones oficiales. Núñez estimó que unas 550.000 personas participaron de las protestas en todo el país, frente a las 150.000 que las autoridades calculaban como máximo hasta el viernes. Los organizadores, en tanto, elevaron la cifra de asistentes a 800.000.
Ante la gravedad de los incidentes, el primer ministro Sébastien Lecornu encabezó durante la noche una reunión de crisis con representantes de distintos ministerios para coordinar la respuesta oficial. Los ataques contra edificios públicos y comercios motivaron, además, el refuerzo de los operativos de seguridad en las zonas afectadas.
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