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Golpe a Donald Trump: los demócratas controlarán el Congreso

La contundente victoria opositora en las elecciones legislativas modifica el equilibrio de fuerzas. El presidente enfrentará mayores obstáculos para impulsar sus políticas
El festejo de los demócratas Gina Hinojosa (Texas) y James Talarico / AfP
Los demócratas Keisha Lance Bottoms (Georgia) y Raphael Warnock / AP

Por Redacción

La contundente victoria del Partido Demócrata en las elecciones legislativas de Estados Unidos cambió radicalmente el escenario político del país y dejó al presidente Donald Trump ante los dos últimos años de su mandato con un Congreso controlado por la oposición. Después de dos años de dominio republicano en Washington, el resultado de las urnas abrió una etapa de gobierno dividido, con mayores controles sobre la Casa Blanca, dificultades para avanzar con nuevas leyes y la posibilidad de investigaciones sobre la administración presidencial.

Los demócratas consiguieron al menos 54 de los 100 escaños del Senado, mientras que en la Cámara de Representantes superaron los 218 necesarios para asegurarse la mayoría. Con varias bancas todavía pendientes de definición, las proyecciones apuntaban a que podrían superar los 250 representantes. El nuevo Congreso asumirá el 3 de enero de 2027 y modificará profundamente la relación de fuerzas que sostuvo a Trump durante la primera mitad de su segundo mandato.

La derrota republicana también se extendió a numerosas gobernaciones y estados tradicionalmente conservadores, en una elección que dejó al oficialismo frente a la necesidad de revisar su estrategia y abrió nuevas perspectivas para los demócratas de cara a las presidenciales de 2028.

El resultado reflejó el creciente malestar de los estadounidenses por la situación económica, especialmente por el precio de la gasolina, los alimentos, los gastos sanitarios y las dificultades para acceder a créditos hipotecarios. A esas preocupaciones se sumó el rechazo a la guerra en Irán, cuyo impacto sobre los combustibles terminó convirtiéndose en uno de los principales problemas políticos del Gobierno.

QUÉ PODER PIERDE TRUMP Y CUÁLES SON SUS HERRAMIENTAS

La nueva composición del Congreso tendrá consecuencias concretas sobre la capacidad de gobierno del presidente. Los demócratas podrán bloquear iniciativas legislativas, controlar la agenda de ambas cámaras y utilizar las comisiones parlamentarias para investigar decisiones de la Casa Blanca.

También tendrán mayor influencia sobre las negociaciones presupuestarias y, desde el Senado, sobre la confirmación de funcionarios y jueces federales. Sin embargo, el cambio de mayorías no significa que Trump quede sin herramientas.

El mandatario conservará sus atribuciones ejecutivas y, especialmente, el poder de veto para rechazar leyes aprobadas por el Congreso. Para superar ese veto, los legisladores necesitarían una mayoría de dos tercios en ambas cámaras, un umbral considerablemente más alto que el requerido para aprobar legislación ordinaria.

El propio presidente anticipó que podría recurrir a ese mecanismo si los demócratas intentan imponerle su agenda, aunque aseguró que no pretende pasar los próximos dos años rechazando sistemáticamente las iniciativas opositoras.

Otro frente delicado será el de las investigaciones parlamentarias. Los demócratas ya anticiparon que buscarán examinar las finanzas y posibles conflictos de intereses de la administración, además de exigir explicaciones por la guerra en Irán y las operaciones militares contra presuntas embarcaciones vinculadas al narcotráfico en el Caribe y el Pacífico.

Incluso podría volver a plantearse un juicio político, aunque una eventual destitución requeriría el voto favorable de dos tercios del Senado.

UNA OPOSICIÓN FORTALECIDA, PERO CON DESAFÍOS

La victoria también representa una oportunidad para que los demócratas recuperen protagonismo después de dos años fuera del control legislativo.

Hakeem Jeffries, quien podría convertirse en el primer presidente negro de la Cámara de Representantes, prometió una agenda inicial de cien días centrada en reducir el costo de vida y recuperar programas de asistencia sanitaria.

Por su parte, Chuck Schumer, futuro líder de la mayoría en el Senado, aseguró que el partido buscará responder rápidamente a las demandas económicas de los votantes y promover el fin de la guerra.

Sin embargo, los demócratas deberán administrar sus propias diferencias internas. La llegada de nuevos legisladores progresistas y socialistas democráticos ampliará la diversidad ideológica de una bancada que también incluye sectores moderados.

Además, controlar el Congreso no garantiza que puedan convertir sus propuestas en leyes: necesitarán negociar con la Casa Blanca o reunir apoyos suficientes para superar sus vetos.

UN NUEVO MAPA POLÍTICO DE CARA A 2028

El avance demócrata también se extendió a las gobernaciones y a territorios tradicionalmente favorables a los republicanos.

Entre las victorias más significativas aparecen Texas, donde Gina Hinojosa se convirtió en la primera gobernadora latina del estado, y Georgia, donde triunfó Keisha Lance Bottoms. En el Senado, los demócratas consiguieron resultados históricos en Kansas y Texas, donde James Talarico se proyecta como una de las nuevas figuras del partido.

La derrota también abrió interrogantes dentro del Partido Republicano. Mike Johnson decidió no buscar nuevamente el liderazgo de su bancada en la Cámara baja, mientras distintos sectores comenzaron a analizar las razones del retroceso electoral y las perspectivas para la sucesión presidencial.

Con Trump constitucionalmente impedido de buscar un tercer mandato, las elecciones de 2028 aparecen ahora como el próximo gran horizonte político.

Hasta entonces, Estados Unidos atravesará una etapa de convivencia forzada entre un presidente republicano y un Congreso demócrata. La oposición tendrá más capacidad para controlar, investigar y condicionar al Ejecutivo, pero también deberá demostrar que puede responder a las demandas que impulsaron su victoria.

Para Trump, el desafío será sostener su agenda sin las mayorías legislativas que lo acompañaron hasta ahora. Para los demócratas, transformar el triunfo electoral en resultados concretos. Y para Washington, administrar un nuevo equilibrio de poder que marcará los próximos dos años de la política estadounidense.

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