Israel recordó ayer a las víctimas del ataque del 7 de octubre de 2023 con ceremonias de dolor y silencio, en una jornada marcada por la campaña electoral. A tres años de la ofensiva de Hamás, los homenajes volvieron a poner en el centro el trauma de la sociedad israelí.
En Reim, donde se celebraba el festival de música electrónica Nova cuando comenzó el ataque, familiares y allegados de las víctimas guardaron un minuto de silencio a las 06:29, la hora exacta en que se inició la ofensiva desde Gaza. En ese lugar murieron 360 personas.
“Fue el minuto en que nuestras vidas cambiaron para siempre”, dijo Katia Zohar, madre de Bar, asesinada a los 23 años durante el festival. La mujer recordó la última comunicación con su hija, cuando le pidió que fuera a buscarla mientras los misiles cruzaban el cielo. Después, contó, volvió a llamarla desde la ruta, gritando que le estaban disparando. “Me acuerdo de todo”, relató Zohar.
Anna Davitashvili, de 53 años, también acudió al lugar para recordar a su hijo mayor, Shaun, muerto a los 25 años junto a sus amigos. “Lo echo de menos”, dijo al hablar de él.
El homenaje se repitió en otros sitios golpeados durante aquella jornada. En el kibutz Kfar Aza, cercano a la frontera con Gaza, también se guardó un minuto de silencio. Allí fueron asesinadas 64 personas y otras 18 fueron secuestradas durante el ataque.
El homenaje estuvo acompañado por detonaciones procedentes de Gaza. Las autoridades del territorio palestino informaron que cinco personas murieron ayer en ataques israelíes, pese al alto el fuego vigente desde hace un año. El ejército israelí aseguró que dos eran “terroristas” de Hamás.
La guerra posterior al ataque dejó a Gaza devastada y sumida en una profunda crisis humanitaria. Según las autoridades de Hamás, cuyas cifras son consideradas fiables por Naciones Unidas, más de 74.000 personas murieron en el territorio palestino durante más de dos años de hostilidades.
El 7 de octubre sigue siendo el punto de referencia central del trauma israelí. Aquella mañana, coincidiendo con una festividad judía, cientos de combatientes palestinos atravesaron la frontera después de lanzar una intensa salva de cohetes desde Gaza. Atacaron comunidades agrícolas, familias, comisarías y bases militares.
La ofensiva dejó 1.221 muertos, según un recuento de AFP basado en cifras oficiales israelíes. Además, 251 personas fueron tomadas como rehenes y llevadas a Gaza; 44 de ellas ya habían muerto. El ataque quebró la sensación de seguridad de Israel.
En Tel Aviv, las muestras de recuerdo continuaron durante la jornada. Un grupo de personas colocó en la playa siluetas en homenaje a los fallecidos y marchó con banderas israelíes.
La conmemoración se desarrolla este año en un contexto político especialmente sensible, a pocas semanas de las elecciones del 27 de octubre. El primer ministro Benjamin Netanyahu encendió una vela en su despacho y afirmó que era un día en el que “el pueblo se une en el recuerdo”. También aseguró que su gobierno continuará hasta hacer rendir cuentas a los responsables del ataque.
Netanyahu enfrenta una contienda reñida y su gestión ocupa un lugar central en el debate político. Uno de sus rivales, el ex primer ministro Naftali Bennett, volvió a cuestionar la respuesta del Estado antes del ataque y calificó lo ocurrido como un “fracaso colosal”.
Tres años después, los homenajes volvieron a detener el tiempo durante un minuto. En Reim, Kfar Aza y Tel Aviv, los nombres, las fotos y los recuerdos de los muertos ocuparon el espacio público.
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