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Irán, acuerdo y dudas: a la espera de la “letra chica”

Según Washington, el documento ya fue rubricado y prevé 60 días de negociaciones. Aún persisten diferencias sobre Ormuz, sanciones y el programa nuclear. Incógnitas
El Estrecho de Ormuz, frente a Bandar Abbas, Irán / AP

Por Redacción

El acuerdo anunciado entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra en Medio Oriente fue presentado por ambas partes como un paso histórico hacia la paz. Sin embargo, detrás de los anuncios triunfalistas persisten numerosas incógnitas sobre su contenido real, su aplicación práctica y las diferencias de interpretación entre Washington y Teherán, que ya afloraron pocas horas después de su difusión.

Según funcionarios estadounidenses, el pacto ya fue firmado electrónicamente por el presidente Donald Trump, el vicepresidente JD Vance y el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf. Un alto funcionario de Washington aseguró que Trump quiso rubricarlo personalmente para demostrar su compromiso con una solución duradera al conflicto. Sin embargo, el texto completo sigue siendo confidencial y hasta ahora solo trascendieron algunos lineamientos generales.

ORMUZ, EL PUNTO MÁS SENSIBLE

Uno de los puntos más sensibles es el futuro del estrecho de Ormuz, paso por el que circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial. Trump afirmó que el acuerdo contempla la reapertura total de la vía marítima y aseguró que Irán no cobrará peajes a los barcos que la atraviesen. Incluso sostuvo que el flujo energético global volverá rápidamente a la normalidad y contribuirá a estabilizar los mercados. Pero desde Teherán llegaron señales muy distintas. Autoridades iraníes insistieron en que el derecho a imponer tarifas por el tránsito marítimo sigue vigente, una discrepancia que refleja las ambigüedades del entendimiento y alimenta las dudas sobre cómo se aplicará realmente el acuerdo.

El memorando negociado con mediación de Pakistán establece, según fuentes diplomáticas, la reapertura simultánea de Ormuz y el levantamiento del bloqueo estadounidense a los puertos iraníes. A partir de allí se abrirá un período de 60 días de negociaciones destinado a alcanzar un acuerdo definitivo sobre cuestiones mucho más complejas.

INQUIETA EL PROGRAMA NUCLEAR

Precisamente allí aparecen las mayores incertidumbres. No está claro qué ocurrirá con el programa nuclear iraní, el principal motivo invocado por Estados Unidos e Israel para iniciar la guerra en febrero. Tampoco se conoce si Teherán aceptará reducir o eliminar sus reservas de uranio altamente enriquecido, una exigencia central de Washington. Otra gran incógnita es el futuro del programa de misiles iraníes y del apoyo de la república islámica a aliados regionales como Hezbolá en Líbano, los hutíes de Yemen o milicias chiitas en Irak. Hasta ahora no hay indicios de que esos temas hayan quedado incluidos en el texto preliminar.

Líbano aparece además como uno de los principales focos de riesgo. Aunque Irán exigió que cualquier entendimiento contemplara el cese de los combates en territorio libanés, ni Israel ni Hezbolá forman parte formalmente del acuerdo. Las declaraciones posteriores tampoco ayudaron a despejar dudas. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, afirmó que sus fuerzas no abandonarán las zonas ocupadas del sur libanés, mientras que Hezbolá reiteró que mantendrá la resistencia hasta lograr una retirada completa israelí.

La guerra dejó miles de muertos, provocó una crisis energética global y disparó la inflación en numerosos países. Sin embargo, varios analistas consideran que el nuevo escenario podría no diferir demasiado del existente antes del inicio del conflicto. Las futuras conversaciones deberán definir asuntos fundamentales como el levantamiento gradual de sanciones, la liberación de activos iraníes congelados y los límites concretos al desarrollo nuclear.

Mientras tanto, tanto Washington como Teherán proclaman haber obtenido una victoria. Estados Unidos destaca el fin de las hostilidades y la reapertura de las rutas comerciales. Irán, por su parte, asegura haber resistido los intentos de derrocar a la República Islámica y haber preservado sus capacidades estratégicas. Entre ambos relatos triunfalistas, el contenido real del acuerdo sigue siendo, por ahora, una incógnita.

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