Las conversaciones destinadas a alcanzar un acuerdo de paz definitivo entre Estados Unidos e Irán comenzaron ayer en el complejo alpino de Bürgenstock, en Suiza, pero la primera jornada terminó envuelta en tensión después de que la delegación iraní abandonara las negociaciones en protesta por una nueva amenaza lanzada por el presidente estadounidense, Donald Trump.
El incidente se produjo tras unos 80 minutos de conversaciones. Mientras las delegaciones debatían los primeros puntos de la agenda, Trump publicó un mensaje en la red Truth Social en el que advirtió a Teherán que enfrentaría nuevos ataques si no impedía que la milicia Hezbolá “causara problemas” en el Líbano. La agencia estatal iraní IRNA calificó esas declaraciones de “insultantes” y explicó que fueron el detonante para que la comitiva encabezada por el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, abandonara el edificio donde se desarrollaban las negociaciones.
La retirada reflejó el profundo clima de desconfianza que rodea un proceso considerado histórico, ya que reúne cara a cara a altos funcionarios de ambos países después de casi medio siglo de enfrentamiento político y diplomático. Incluso antes del incidente, la delegación iraní había evitado cualquier gesto simbólico de acercamiento: sus integrantes rechazaron posar para fotos estrechando la mano de los representantes estadounidenses y tampoco participaron en la comparecencia conjunta prevista al inicio del encuentro.
VANCE, A LA CABEZA POR EE UU
La representación de Washington está encabezada por el vicepresidente JD Vance, acompañado por los primeros ministros de Catar y Pakistán, países que actúan como mediadores. Antes del desplante iraní, Vance aseguró que se habían producido “grandes avances” durante las conversaciones preliminares y expresó su esperanza de que el diálogo permitiera “pasar página y transformar nuestra relación con el pueblo iraní”.
No obstante, el funcionario estadounidense dejó claro que Washington exige que Teherán “deje de ser un factor de inestabilidad regional” y renuncie de forma permanente a cualquier aspiración de desarrollar armas nucleares.
También sostuvo que existen progresos para consolidar el alto el fuego en el Líbano y afirmó que Trump mantiene el compromiso de lograr “un alto el fuego completo en toda la región”.
Las conversaciones de Bürgenstock fueron convocadas tras la firma, el miércoles pasado, de un memorando de entendimiento de 14 puntos entre Washington y Teherán.
Ese documento estableció un plazo de 60 días para negociar un acuerdo definitivo que cierre el conflicto iniciado en febrero y siente las bases de una nueva relación bilateral.
El memorando contempla el cese permanente de las hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano; el compromiso iraní de garantizar la libre navegación por el estrecho de Ormuz; y la apertura de negociaciones sobre el programa nuclear de la República Islámica.
A cambio, Estados Unidos se comprometería a levantar todas las sanciones económicas, liberar activos iraníes congelados y promover un plan de reconstrucción estimado en 300.000 millones de dólares.
Precisamente la situación en el Líbano se convirtió en uno de los principales focos de fricción antes incluso del inicio formal de las conversaciones.
Irán había retrasado el comienzo del diálogo por los continuos ataques israelíes en el sur libanés e incluso amenazó el sábado con volver a bloquear el estratégico estrecho de Ormuz si la violencia persistía.
Pese a la abrupta salida de la delegación iraní, las autoridades suizas mantienen la esperanza de que las negociaciones puedan retomarse. Los anfitriones confían en que el aislamiento y la discreción del complejo de Bürgenstock -al que solo se accede por una ruta y un funicular cerrados al público durante el encuentro- contribuyan a rebajar la tensión y permitan continuar unas conversaciones que serán decisivas para el futuro de Medio Oriente.
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