La elección del ultraderechista Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia reforzó una tendencia que se expande en América Latina: el avance de líderes de derecha con discursos duros sobre seguridad, economía y rechazo a la política tradicional. Sin embargo, especialistas advierten que el fenómeno responde más al desencanto ciudadano que a un giro ideológico profundo de la región.
Con excepción de Brasil y México, la mayoría de los gobiernos latinoamericanos está encabezada por dirigentes conservadores o de perfil populista. Analistas sostienen que estos líderes han logrado capitalizar el malestar social mediante una fuerte construcción de imagen personal y la promesa de soluciones rápidas frente a problemas como la delincuencia, el estancamiento económico y la corrupción.
El presidente salvadoreño Nayib Bukele aparece como el principal referente de este modelo. Su estrategia de mano dura contra el crimen y sus altos índices de popularidad inspiraron a otros dirigentes, entre ellos De la Espriella, quien centró buena parte de su campaña en la seguridad y el combate a las organizaciones criminales. Los expertos recuerdan que, durante la llamada “marea rosa”, la izquierda dominó el escenario regional gracias al crecimiento económico impulsado por el auge de las materias primas y a políticas de expansión social. Pero el fin de ese ciclo, sumado al fortalecimiento del crimen organizado y al deterioro económico, modificó las prioridades del electorado.
Según Latinobarómetro, tres de cada cuatro latinoamericanos afirman que la delincuencia creció en el último año y uno de cada tres asegura haber sido afectado directamente por hechos delictivos. Ese escenario favorece a candidatos que se presentan como ajenos al sistema político y prometen respuestas contundentes.
No obstante, los analistas advierten que gobernar es mucho más complejo que hacer campaña. Varios mandatarios de derecha enfrentaron dificultades para cumplir sus promesas, con caídas en su popularidad y persistencia de los problemas de seguridad y económicos. En Colombia, el gran interrogante es si De la Espriella logrará transformar su discurso de campaña en resultados concretos o si terminará enfrentando el mismo desgaste que otros líderes de la región.
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