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La experiencia de argentinos que viajaron a Uruguay para ver al Papa

Entre banderas, lágrimas y pedidos de bendiciones, familias y grupos de fieles vivieron la emoción de tener a León XIV a pocos metros

El Papa, entre la multitud. Recibió mucho afecto de la gente / AFP
Argentinos, con banderas y reposeras, cerca del papa / AFP
Argentinos, con banderas y reposeras, cerca del papa / AFP

Por Redacción

Las banderas argentinas se agitaron entre reposeras, abrigos y pilotos. Algunos habían salido de sus casas de madrugada; otros recorrieron cientos de kilómetros con una expectativa concreta: ver al Papa de cerca. En el Parque Municipal París Londres de Paysandú, los argentinos que cruzaron a Uruguay vivieron este sábado una jornada de fe y emoción, pese al frío, el viento y la lluvia.

La convocatoria resultó menor a la prevista. Según las primeras estimaciones recogidas al finalizar la celebración, participaron menos de 30 mil fieles. Tampoco se registraron las demoras que se habían anticipado para atravesar el puente internacional Artigas, que conecta Colón con Paysandú: durante la madrugada, el tránsito fue fluido y el cruce se realizó sin mayores inconvenientes.

Entre los asistentes hubo vecinos de distintas ciudades entrerrianas y también familias que viajaron desde la provincia de Buenos Aires. La cercanía con el recorrido del papamóvil convirtió el esfuerzo del traslado y la espera en una recompensa para quienes pudieron saludar a León XIV a pocos metros.

Una madrugada de espera

Mirta llegó desde Concordia y cruzó el puente a las 2.30. Soportó durante horas las condiciones del tiempo, envuelta en una bandera argentina y con la ilusión de acercarse al escenario.

“Vengo a buscar la alegría que anuncia el Papa”, contó. Para ella, la jornada tenía un significado especial: era la primera vez que veía a un pontífice. La fe y la expectativa la sostuvieron durante la espera, compartida con otros entrerrianos que hicieron sentir su presencia con gritos y banderas celestes y blancas.

Nancy y Rubén, en cambio, viajaron desde Zárate. Aunque tenían más cerca Luján, eligieron recorrer casi 300 kilómetros hasta Paysandú porque consideraron que allí tendrían mejores posibilidades de ver a León XIV.

Según explicaron al mismo diario, habían evaluado las distancias que deberían caminar y la posibilidad de seguir la celebración por una pantalla en Luján. Optaron por Uruguay y llevaron una reposera para acomodarse en el predio. Durante el recorrido del papamóvil, pudieron saludar al pontífice a menos de cinco metros.

También hubo argentinos que llegaron en bicicleta desde Villa Elisa. Entre el público se mezclaron, además, fieles de otros países de la región, como Perú y Brasil.

Lágrimas junto a las vallas

La espera estuvo acompañada por la música de Betania, una banda cristiana argentina que hizo cantar al público antes de la llegada del Papa. Cerca de las 10, el movimiento junto a las vallas anunció el momento más esperado: León XIV recorrió el parque en el papamóvil, entre saludos, pedidos de bendiciones y teléfonos levantados para registrar su paso.

Una madre que había viajado con un contingente de Concordia alzaba a su hija y pedía, entre lágrimas, una bendición. Otra avanzó con un chico en brazos para intentar ubicarse en un punto desde el cual el pontífice pudiera verlos.

Carlos, que llegó desde Gualeguaychú con su esposa, se emocionó con el mensaje de unidad y la invitación a tender puentes. También lo conmovió la referencia al mate como símbolo del encuentro y de los vínculos compartidos.

Desde esa misma ciudad viajó Juan, acompañado por un grupo. Sin abrigo ni piloto, atravesó la llovizna con una gorra azul que llevaba las Islas Malvinas en el frente. En su testimonio reunió la devoción religiosa y el sentimiento por las islas.

La celebración tuvo como figura central a Jacinto Vera, primer obispo de Montevideo y beatificado por Francisco en 2023. Su recuerdo acompañó el llamado de León XIV a superar divisiones y acercar la Iglesia a la sociedad uruguaya.

Para los argentinos que cruzaron el río, la jornada quedó marcada también por escenas más íntimas: una bandera usada como abrigo, una reposera frente al recorrido y el instante en que el Papa pasó lo suficientemente cerca como para devolverles un saludo.

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