La sequía extrema que golpea a Europa dejó al descubierto una impactante postal del pasado: decenas de barcos de guerra alemanes hundidos durante la II Guerra Mundial reaparecieron en el río Danubio, cuyo caudal llegó a niveles inusualmente bajos. Los cascos oxidados emergen cerca del puerto serbio de Prahovo, en la frontera con Rumania, donde permanecen desde hace más de 80 años. Las embarcaciones pertenecían a la flota alemana del mar Negro y fueron hundidas deliberadamente en septiembre de 1944 para intentar frenar el avance del Ejército soviético en los Balcanes. Sin embargo, la estrategia no cambió el curso del conflicto y la Alemania nazi capituló pocos meses después. Algunos de esos barcos aún contienen explosivos, lo que dificultó durante décadas su remoción. Aunque parte de la flota fue retirada tras la guerra, la mayoría sigue en el fondo del río. Ahora, con el agua en mínimos históricos, vuelven a convertirse en un peligro para la navegación.
El Danubio, que atraviesa diez países europeos, también sufre las consecuencias de la prolongada sequía. La escasez de agua complica el tránsito de embarcaciones, amenaza el funcionamiento de centrales eléctricas y obligó a varios gobiernos a implementar medidas de ahorro energético. “Los barcos grandes ya no pueden pasar”, resumió Krsta Brandic, vecino de Prahovo, mientras los restos de la guerra resurgen como un inquietante recordatorio de la historia y de los efectos cada vez más visibles del cambio climático.
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