Un nuevo conflicto laboral vuelve a poner bajo presión a la minería del cobre en Chile. Desde el pasado miércoles 7 de octubre, unos 700 trabajadores de Minera Centinela, una de las principales unidades operativas de Antofagasta Minerals -conglomerado controlado por el grupo Luksic-, iniciaron una huelga de carácter indefinido tras el fracaso de la instancia de mediación obligatoria ante la Dirección del Trabajo de ese país.
La medida de fuerza es impulsada de manera conjunta por el Sindicato de Trabajadores Minera Esperanza y el Sindicato de Trabajadores Distrito Centinela, agrupaciones que concentran alrededor del 22% del personal propio de la mina, ubicada en la región norteña de Antofagasta.
La disputa central surge en el marco de la negociación colectiva iniciada a comienzos de agosto. El eje de las discrepancias radica en las brechas salariales y de beneficios existentes entre distintos sectores de trabajadores dentro del mismo yacimiento. A través de un comunicado conjunto, las representaciones gremiales señalaron que el quiebre del diálogo se produjo "tras la negativa de abordar un mecanismo que ponga término a la discriminación", al tiempo que solicitaron a la compañía y a la familia Luksic que "rectifiquen su posición".
Por su parte, la empresa niega la existencia de tratos discriminatorios. Desde la compañía explicaron que las variaciones obedecen a la evolución histórica de convenios colectivos suscritos de forma independiente, en un contexto donde los gremios dejaron de negociar en simultáneo a partir de 2020. La última propuesta formal de la firma contemplaba un incremento real del 2% en el sueldo base, un bono de término de negociación de 22,5 millones de pesos chilenos líquidos por operario y un crédito blando de 3,5 millones.
En cuanto al impacto operativo, los representantes sindicales advirtieron que la parálisis comenzaría a resentir la producción de forma paulatina si la medida se prolonga por más de dos semanas, visibilizándose los efectos hacia el mes de noviembre. Según el esquema proyectado por los trabajadores, el plan de contingencia de la empresa permite sostener el funcionamiento de las plantas concentradoras durante un par de semanas mediante el procesamiento de mineral previamente acopiado. Una vez agotado ese insumo, la interrupción del esquema de extracción y mantenimiento afectaría el conjunto del proceso productivo de Centinela, yacimiento que además de cobre produce oro y molibdeno.
Hasta el momento, la firma no difundió proyecciones sobre posibles pérdidas. Iván Arriagada, presidente ejecutivo de Antofagasta Minerals, sostuvo que la estimación de producción anual para el grupo "permanece sin cambios". La estrategia de la compañía confía en compensar el débil desempeño del primer semestre —período en el que registró una caída interanual del 9,5% en sus volúmenes— a partir de un mayor procesamiento y una mejor ley del mineral en sus yacimientos Los Pelambres y Centinela.
El paro suma complejidad a un escenario ajustado para el sector en Chile, principal productor mundial de este metal. En agosto, la actividad minera local anotó un retroceso interanual del 17,4%, factor determinante en la contracción del 1% registrada por el Imacec, el indicador de actividad del Banco Central de Chile. En paralelo, la estatal Codelco atraviesa un proceso de auditorías externas e investigación judicial tras detectar inconsistencias en los reportes de producción de sus divisiones Ministro Hales y Salvador.
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