La inteligencia artificial ya no es una promesa lejana en China: para miles de trabajadores, se convirtió en una preocupación concreta. Fei Zhaojun lo comprobó. Era programador en Beijing y, poco después de que su jefe le preguntara si la IA podría reemplazar a los humanos, fue despedido junto con otros 160 compañeros. Hoy, ya hace videos cortos mientras intenta decidir cuál será su próximo empleo.
Su caso refleja una transformación acelerada del mercado laboral chino. El Gobierno impulsa el uso de inteligencia artificial y robots en numerosos sectores, desde las fábricas y los centros de distribución hasta la traducción, la programación y la producción audiovisual. Busca aumentar la productividad y fortalecer al país, pero también genera incertidumbre entre quienes temen quedar fuera.
La adopción avanza a gran velocidad. Según la consultora de inteligencia de mercado IDC, el 47,5% de las empresas industriales chinas aseguró utilizar modelos de IA y “agentes” el año pasado, frente al 9,6% en 2024. Los robots humanoides ya clasifican paquetes y los de reparto empiezan a ganar espacio. La IA también se extiende a la producción de dramas breves y permite realizar tareas que antes requerían capacitación.
El impacto alcanza profesiones que parecían más protegidas. Du Qinchun, traductor a tiempo parcial, ayuda a entrenar un modelo de IA y eso le ha dado trabajo, aunque reconoce que los ingresos del sector cayeron más de la mitad en los últimos años. Las carreras de lenguas extranjeras también pierden atractivo ante los traductores automáticos.
El problema es que la transición ocurre en una economía que ya enfrenta dificultades. El consumo se ha debilitado y el temor a perder el empleo lleva a gastar menos. La tasa de desempleo urbano ronda el 5%, mientras entre los jóvenes de 16 a 24 años es aproximadamente tres veces mayor.
A largo plazo, la automatización podría tener otra cara. China envejece y su población disminuye, por lo que habrá menos trabajadores para sostener a más jubilados. Los robots podrían compensar parcialmente esa escasez. Pero la pregunta es urgente: cómo conseguir que la IA ayude a conservar el empleo y no sea la razón para perderlo.
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