La inteligencia artificial se convirtió en una de las principales protagonistas de la campaña presidencial en Brasil, donde millones de usuarios reciben diariamente videos, imágenes y mensajes políticos creados mediante herramientas digitales. Camino a las elecciones del domingo, la proliferación de contenidos falsos o manipulados encendió las alarmas de las autoridades electorales, que advierten sobre los riesgos para la transparencia de la votación.
El fenómeno adquiere especial relevancia en un país de 214 millones de habitantes, con una elevada utilización de redes sociales y antecedentes de desinformación durante los procesos electorales. La creciente sofisticación de las herramientas de inteligencia artificial permite producir contenidos cada vez más realistas, capaces de confundir a los votantes y modificar la percepción pública sobre los candidatos.
La contienda enfrenta al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, representante de la izquierda, con Flávio Bolsonaro, dirigente de derecha e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. En un escenario de fuerte polarización política, las plataformas digitales se transformaron en uno de los principales espacios de disputa por el electorado.
Los contenidos generados mediante inteligencia artificial abarcan desde producciones humorísticas hasta piezas diseñadas para desacreditar adversarios políticos o difundir información engañosa.
Entre los ejemplos detectados aparecen encuestas electorales falsas, entrevistas con votantes inexistentes y videos que simulan coberturas periodísticas. También circulan imágenes de multitudes ficticias que supuestamente respaldan a determinados candidatos, con el objetivo de exagerar su popularidad.
Los seguidores de Bolsonaro utilizaron estas herramientas para representar al candidato como un superhéroe capaz de combatir la delincuencia y recuperar la economía brasileña. En otros casos, los videos vinculan a Lula con investigaciones por corrupción o presentan escenas ficticias en las que aparece huyendo de la policía.
Del lado del oficialismo también se difundieron producciones de inteligencia artificial. Una de ellas, que superó las 800.000 visualizaciones, muestra a un Lula musculoso rescatando a un perro identificado con el nombre de PIX, el sistema brasileño de pagos instantáneos.
Las restricciones para evitar la manipulación electoral
Brasil cuenta con una de las legislaciones más estrictas en materia de desinformación electoral y estableció nuevas disposiciones para regular el uso de inteligencia artificial durante las campañas.
El Tribunal Electoral prohíbe a los candidatos utilizar deepfakes, es decir, videos o audios sintéticos que reproducen de manera realista la imagen o la voz de una persona. Además, exige identificar claramente los contenidos generados mediante inteligencia artificial.
Las autoridades también dispusieron que los chatbots no puedan clasificar ni recomendar candidatos durante el proceso electoral, aunque organizaciones independientes detectaron incumplimientos de esa disposición.
Empresas tecnológicas como Meta, Google y OpenAI presentaron planes para controlar la circulación de estos materiales en sus plataformas. Entre las herramientas utilizadas figuran las marcas de agua digitales y los sistemas de identificación destinados a detectar contenidos manipulados.
Sin embargo, la aplicación de las normas enfrenta dificultades. El abogado André Giacchetta, representante de plataformas digitales en Brasil, advirtió que la legislación todavía no establece criterios suficientemente precisos para diferenciar las producciones creativas de aquellas destinadas a interferir en las elecciones.
Esa falta de definición también genera preocupación por la posibilidad de que los controles terminen restringiendo contenidos legítimos y afectando la libertad de expresión.
La velocidad de las redes complica los controles
Uno de los principales problemas para las autoridades es la rapidez con la que se viralizan los contenidos falsos.
Aunque el Tribunal Electoral puede ordenar la eliminación de publicaciones engañosas, los especialistas sostienen que los procedimientos administrativos suelen ser demasiado lentos frente a la velocidad de difusión de las redes sociales.
Cristina Tardáguila, especialista en desinformación y fundadora de la agencia brasileña de verificación Agência Lupa, señaló que los mecanismos de control tienen dificultades para responder a este fenómeno.
“El villano al que nos enfrentamos ahora es realmente muy rápido”, afirmó.
Una investigación de esa organización reveló que aproximadamente el 10% de los contenidos creados con inteligencia artificial para candidatos políticos no contaba con la identificación correspondiente.
A esa dificultad se suma el funcionamiento de los algoritmos de las plataformas, que seleccionan publicaciones según los intereses de cada usuario y pueden amplificar mensajes engañosos.
Tai Nalon, director de la organización de verificación Aos Fatos, advirtió que el enorme volumen de contenidos automatizados dificulta identificar las campañas de desinformación y medir sus consecuencias.
Además, sostuvo que algunas empresas tecnológicas redujeron sus esfuerzos de moderación, precisamente cuando las nuevas herramientas digitales multiplican los riesgos.
Un desafío que va más allá de las elecciones
La popularidad de la inteligencia artificial en Brasil representa otro factor de preocupación. Según los datos citados por especialistas, alrededor del 56% de los brasileños afirma confiar en esta tecnología, frente al 40% de los estadounidenses.
Esa aceptación, combinada con el uso intensivo de redes sociales y la circulación permanente de memes, favorece la difusión de producciones sintéticas que pueden resultar difíciles de distinguir de imágenes auténticas.
Los expertos advierten que la inteligencia artificial no creó la desinformación política, pero redujo considerablemente los costos y los tiempos necesarios para producirla. Ahora es posible generar en pocos minutos materiales que anteriormente requerían importantes recursos técnicos y económicos.
La preocupación también alcanza a los asistentes virtuales y chatbots, que ofrecen respuestas personalizadas a millones de usuarios y podrían influir en sus opiniones políticas.
Luiz Alexandre Reali Costa, director del Observatorio Brasileño de Inteligencia Artificial, resumió el problema al señalar que las nuevas tecnologías profundizan dificultades que ya existían.
“Ningún problema que traiga la IA es totalmente nuevo”, explicó. “Pero multiplica los desafíos a los que ya nos enfrentábamos”.
En ese contexto, las elecciones brasileñas se presentan como una prueba decisiva para determinar hasta qué punto los gobiernos y las empresas tecnológicas pueden controlar la desinformación sin afectar la libertad de expresión. El resultado de esa experiencia podría convertirse en una referencia para otros países que enfrentan desafíos similares ante el avance de la inteligencia artificial.
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