El papa León XIV protagonizó una jornada histórica en Barcelona al bendecir ayer la Torre de Jesús de la Basílica de la Sagrada Familia, que con sus 172,5 metros de altura se convirtió oficialmente en la iglesia más alta del mundo. Ante los reyes de España, Felipe VI y Letizia, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y miles de fieles, el pontífice destacó al emblemático templo diseñado por Antoni Gaudí como un símbolo de unidad, concordia y encuentro.
Durante la misa celebrada en el corazón de la basílica, León XIV defendió la paz y la solidaridad, al afirmar que no es posible creer en Jesús y al mismo tiempo promover la guerra o abandonar a quienes huyen de la violencia. El Papa señaló que la Sagrada Familia representa a una comunidad reunida en torno a la fe y destacó su papel como referencia espiritual para Barcelona y toda Cataluña.
Uno de los momentos más emotivos se produjo cuando Valentina, una niña invidente de 13 años, le explicó las características de la torre y de la gran cruz que la corona mientras el pontífice recorría con sus manos una maqueta del monumento. Más tarde, León XIV bendijo la estructura utilizando agua bendita y pronunciando palabras tanto en catalán como en castellano.
La celebración culminó con un espectáculo de luces, música coral y drones que dibujaron en el cielo la figura de Gaudí, arrancando aplausos entre los asistentes.
Antes de llegar a Barcelona, el Papa visitó el monasterio de Abadía de Montserrat, donde rezó ante la Virgen de Montserrat, conocida como la Moreneta y patrona de Cataluña. Allí pidió que el amor y el respeto prevalezcan en los debates políticos y en las redes sociales, y encomendó a la Virgen su pontificado y la misión de la Iglesia en un mundo marcado por conflictos y demandas de justicia.
La jornada también incluyó una visita sin precedentes a la prisión Brians 1, la mayor de Cataluña, convirtiéndose en el primer Papa en acudir a un centro penitenciario español. Ante cerca de 80 reclusos, transmitió un mensaje de esperanza y recordó que los errores no definen para siempre la identidad de una persona.
En otro encuentro, el pontífice respondió con humor a las preguntas de Renzo, un niño peruano que lo interrogó sobre su vida personal.
León XIV confesó su afición al tenis, recordó que jugó al fútbol americano en su juventud y contó que durante sus años en Perú disputaba partidos de fútbol con seminaristas, aunque admitió entre risas que se desempeñaba mejor como defensor que como goleador.
La combinación de espiritualidad, cercanía y gestos simbólicos convirtió su paso por Cataluña en uno de los momentos más destacados de su visita a España.
El papa León XIV protagonizó una jornada histórica en Barcelona al bendecir ayer la Torre de Jesús de la Basílica de la Sagrada Familia, que con sus 172,5 metros de altura se convirtió oficialmente en la iglesia más alta del mundo. Ante los reyes de España, Felipe VI y Letizia, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y miles de fieles, el pontífice destacó al emblemático templo diseñado por Antoni Gaudí como un símbolo de unidad, concordia y encuentro.
Durante la misa celebrada en el corazón de la basílica, León XIV defendió la paz y la solidaridad, al afirmar que no es posible creer en Jesús y al mismo tiempo promover la guerra o abandonar a quienes huyen de la violencia. El Papa señaló que la Sagrada Familia representa a una comunidad reunida en torno a la fe y destacó su papel como referencia espiritual para Barcelona y toda Cataluña.
Uno de los momentos más emotivos se produjo cuando Valentina, una niña invidente de 13 años, le explicó las características de la torre y de la gran cruz que la corona mientras el pontífice recorría con sus manos una maqueta del monumento. Más tarde, León XIV bendijo la estructura utilizando agua bendita y pronunciando palabras tanto en catalán como en castellano.
La celebración culminó con un espectáculo de luces, música coral y drones que dibujaron en el cielo la figura de Gaudí, arrancando aplausos entre los asistentes.
Antes de llegar a Barcelona, el Papa visitó el monasterio de Abadía de Montserrat, donde rezó ante la Virgen de Montserrat, conocida como la Moreneta y patrona de Cataluña. Allí pidió que el amor y el respeto prevalezcan en los debates políticos y en las redes sociales, y encomendó a la Virgen su pontificado y la misión de la Iglesia en un mundo marcado por conflictos y demandas de justicia.
La jornada también incluyó una visita sin precedentes a la prisión Brians 1, la mayor de Cataluña, convirtiéndose en el primer Papa en acudir a un centro penitenciario español. Ante cerca de 80 reclusos, transmitió un mensaje de esperanza y recordó que los errores no definen para siempre la identidad de una persona.
En otro encuentro, el pontífice respondió con humor a las preguntas de Renzo, un niño peruano que lo interrogó sobre su vida personal.
León XIV confesó su afición al tenis, recordó que jugó al fútbol americano en su juventud y contó que durante sus años en Perú disputaba partidos de fútbol con seminaristas, aunque admitió entre risas que se desempeñaba mejor como defensor que como goleador.
La combinación de espiritualidad, cercanía y gestos simbólicos convirtió su paso por Cataluña en uno de los momentos más destacados de su visita a España.
SUSCRIBITE a esta promo especial