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Las derrotadas fueron las compañías tecnológicas

Elon Musk / web

Por Jorge Remón

La derrota de los líderes de las empresas tecnológicas en las elecciones de los Estados Unidos es más importante que la de Trump para la vigencia de los principios de la democracia. Se demostró que aun contando con un poderoso ejército que incluyó nada menos que a las grandes compañías que establecen los algoritmos por los cuales una opinión tendrá más difusión que otras en las redes; los miles de millones de dólares que invirtieron líderes de esas compañías en proveer los candidatos que apoyaban al presidente y las campañas sucias organizadas por China y Rusia en favor del oficialismo desprestigiando a la oposición que colmaron los contenidos de la web, no tuvieron la influencia que se le adjudica a las redes en los votantes.

La voluntad de los ciudadanos de evitar la construcción de un poder absoluto en Washington al servicio de intereses económicos que intentan la concentración de la riqueza en unos pocos recibió un rechazo que va mucho más allá de la figura del presidente de la gran potencia norteamericana.

MILLONES

El resultado de los comicios fue analizado por la BBC como un paso para superar la degradación humana provocada por las redes sociales que afirmó ha desplazado las interacciones cotidianas hacia contenidos masivos de influencers, publicidad automatizada y material generado por inteligencia artificial.

El New York Times sostuvo que el contenido sintético y la inteligencia artificial se han convertido en factores de desinformación que inducen a los votantes mediante mentiras desacreditando los procesos electorales a nivel global y demostró que la “derecha tecnológica” sufrió un desgaste de su influencia directa en las urnas.

El diario inglés The Guardian coincidentemente describió la situación diciendo que los tecnócratas se convirtieron en los villanos de las elecciones de Estados Unidos y que aún se los puede desafiar exitosamente.

Los republicanos contaron con muchos más fondos que los demócratas para contratar especialistas en campañas a través de la web y pagar avisos, pero les fue imposible superar la ansiedad y la angustia de los estadounidenses frente a las tecnologías invasoras.

Los multimillonarios líderes de las grandes empresas tecnológicas, además de influir con sutilezas en las redes, lo cierto es que invirtieron en una misión imposible. Los líderes de esas compañías invirtieron sumas fabulosas en fondos para desprestigiar a los opositores a Trump. Por citar un ejemplo merece destacar que Elon Musk gastó 366 millones de dólares en campañas de partidarios de Trump o para desprestigiar a sus opositores. Sin que se lo hayan propuesto, por ese hecho se convirtieron en el tema central de la campaña de las que se convirtieron en protagonistas tal vez más importantes que los candidatos que apoyaban.

FORTUNAS INCALCULABLES

Un error por la preocupación generalizada ante el crecimiento de fortunas incalculables y el intento de sus propietarios de apoderarse del poder político y de un sentimiento tratando de ocultar la resistencia, la instalación de los centros de datos cuyo extraordinario consumo de electricidad suele generar aumento en los precios del insumo y según se denuncia contaminan el agua.

Esos centros se convirtieron en un objetivo físico al cual los candidatos del partido demócrata pudieron señalar como culpables de muchos males convirtiéndolos en un enemigo de los habitantes de los pueblos cercanos a esas instalaciones.

Un aspirante a convertirse en legislador por el estado de Ohio fue denunciado en una campaña publicitaria agresiva como promotor de normas que les otorga a los multimillonarios ya sus “corporaciones avariciosas”, una exención fiscal de 2.000 millones de dólares que “dispararon nuestras facturas de electricidad y destruyeron las granjas de Ohio”.

The Guardian destacó ese aviso porque interpretaba angustias sociales profundas. Se interpretaba de esa manera unas difundidas creencias de que las grandes empresas tecnológicas no pagan los impuestos que deberían y que los nuevos “súper ricos”, los Musk y los Zuckerberg por ejemplo ansían todo el poder.

ANGUSTIA CIUDADANA

Las angustias de los ciudadanos ante el desarrollo de todas las nuevas formas de control que pueden realizarse hoy son crecientes y hasta motivaron por ejemplo el rechazo a las cámaras de vigilancia con inteligencia artificial que automáticamente con únicamente la lectura de la patente de los autos acceden a todos los datos del propietario del vehículo.

Cabe destacar que en otros países como China un hecho similar no ha motivado reparos públicos. Aunque las cámaras que se usan en ese país puedan dar detalles de la vida de cada transeúnte con solamente sus rasgos faciales.

No cabe duda que la invasión a Irán y el aumento al costo de vida fueron desde el punto de vista electoral un grave error de Trump, pero la decisión de 20 candidatos a gobernadores en Estados Unidos suspendiendo los trámites para autorizar la construcción de centros de datos demuestra la impopularidad de los mismos por arriba de los puestos de trabajo que podrían generar.

Sin embargo, en una votación popular que se llevó a cabo en California fue rechazada la propuesta de establecer un impuesto al patrimonio a las personas cuya fortuna supera los mil millones de dólares, a pesar de todas las suspicacias sobre los nuevos “súper ricos”.

El rechazo a la política de Trump a medida que pasa el tiempo será considerado menos importante que la voluntad ciudadana expresada en las urnas fue poner límites al poder político y a la concentración de la riqueza en pocas manos, aunque sea producto de inversiones tecnológicas. En ese sentido es posible afirmar que Trump será solo una anécdota y que lo estructural fue la voluntad de dar plena vigencia a los principios de la democracia considerados en peligro por las acciones de la alianza entre los tecnócratas y la nueva derecha populista.

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