Los ladridos también se convirtieron en una señal de esperanza entre las ruinas que dejaron los sismos del 24 de junio en Venezuela. Junto a casi 2.400 rescatistas llegados desde 27 países, unos 140 perros especializados en búsqueda de sobrevivientes juegan un rol decisivo en la carrera contrarreloj por encontrar personas con vida bajo los escombros.
En total, 44 equipos internacionales USAR (Urban Search and Rescue) fueron desplegados en Caracas, La Guaira y otras zonas afectadas. España, México, el Reino Unido, Suiza, Alemania, Brasil, Argentina, Colombia y otros países aportaron binomios formados por guías y perros entrenados para actuar en escenarios de desastre.
Uno de los casos más conmovedores tuvo como protagonista a Bart, integrante de la unidad de rescate de la Infantería de Marina Argentina. El animal permitió localizar a dos niños que permanecían atrapados bajo los restos de un edificio colapsado en La Guaira, cuatro días después de los sismos. Su marcación orientó a los rescatistas hacia el punto exacto donde debían excavar, haciendo posible un rescate con final feliz.
La extraordinaria eficacia de estos perros se explica por un olfato entre 10.000 y 100.000 veces más sensible que el humano. Son capaces de detectar los gases y compuestos que emite una persona viva, incluso cuando están ocultos bajo toneladas de hormigón, polvo y estructuras metálicas. Ningún dron, escáner o micrófono puede identificar ese rastro con la misma precisión.
El empleo de perros rescatistas tiene una larga historia. Sus capacidades comenzaron a observarse durante los bombardeos sobre Londres en la Segunda Guerra Mundial y fueron perfeccionadas en Suiza durante la década de 1950.
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