El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro protagonizaron anoche un intenso debate televisivo, marcado por acusaciones personales, fuertes diferencias económicas y reiteradas referencias a Javier Milei. El último enfrentamiento antes del balotaje del domingo dejó al descubierto la profunda polarización política que atraviesa el gigante sudamericano, en medio de una disputa electoral que las encuestas muestran prácticamente empatada.
El encuentro, realizado en los estudios de Globo, en Río de Janeiro, tuvo como uno de sus principales protagonistas indirectos al presidente argentino. Lula utilizó las políticas de ajuste de Milei para cuestionar las propuestas económicas de Bolsonaro, mientras que el candidato del Partido Liberal defendió al mandatario libertario y responsabilizó a los anteriores gobiernos argentinos por la situación económica del país.
“¿Vas a traer la motosierra de Milei para recortar gastos y salarios?”, le preguntó Lula a su adversario, en uno de los momentos más calientes de la noche. El mandatario brasileño sostuvo que en Argentina la pobreza había llegado al 40% y afirmó que la población estaba comiendo “carne de burro”, una expresión con la que buscó desacreditar el modelo económico que, según su interpretación, pretende aplicar Bolsonaro.
El senador respondió con dureza: “En Argentina la izquierda gobernó durante 20 años y destruyó a la Argentina”. Además, defendió la necesidad de reducir el gasto público y cuestionó el manejo económico del actual gobierno brasileño.
La discusión se trasladó rápidamente al poder adquisitivo de los trabajadores. Lula defendió los aumentos del salario mínimo durante las administraciones del Partido de los Trabajadores y aseguró que, sin esos incrementos por encima de la inflación, actualmente sería de apenas 900 reales, frente a los 1.621 reales vigentes.
Bolsonaro evitó responder directamente sobre esa comparación y apuntó contra el endeudamiento de las familias. “Hoy es 23 de octubre y el mes todavía no terminó. ¿Tu sueldo ya se terminó?”, preguntó mirando a cámara.
El candidato opositor sostuvo que más de 80 millones de brasileños tienen cuentas atrasadas y utilizó una imagen cotidiana para describir la situación: “Antes pagaban en cuotas el microondas, la cocina o la heladera. Ahora pagan en cuotas lo que tienen adentro de la heladera. Hay cuotas hasta para la pizza”.
También acusó a Lula de haber incumplido sus promesas de campaña. “Prometiste el asado y no lo entregaste. Estás entregando deuda”, disparó.
Ataques personales
La tensión alcanzó uno de sus puntos máximos cuando Bolsonaro hizo referencia a los nueve dedos de Lula, quien perdió uno en un accidente laboral durante su juventud.
El presidente reaccionó indignado y exigió una disculpa. “Perdí el dedo a los 17 años trabajando de noche, porque trabajaba o no comía. No voy a permitir que un paramilitar me llame de nueve dedos”, afirmó.
Lula también cuestionó la trayectoria laboral de su adversario: “Jamás trabajó en su vida. Su primer trabajo fue el que le dio su padre”. Ante la insistencia del mandatario, Bolsonaro terminó disculpándose por la expresión.
Otro de los enfrentamientos giró alrededor de la inseguridad. El senador acusó a los gobiernos vinculados al PT de permitir el avance del narcotráfico en el nordeste brasileño y mencionó especialmente al Comando Vermelho, una de las principales organizaciones criminales del país.
En materia sanitaria, Lula defendió el sistema público de salud y recordó la gestión de Jair Bolsonaro durante la pandemia de coronavirus. Aseguró que muchas muertes podrían haberse evitado y cuestionó las declaraciones del expresidente contra las vacunas.
Flávio respondió que el sistema sanitario enfrenta graves problemas de atención, con pacientes que deben esperar meses o incluso años para conseguir turnos.
El debate también dejó espacio para las propuestas de infraestructura. Bolsonaro describió a Brasil como un “cementerio de obras” y prometió impulsar ferrocarriles, concesiones de rutas y puertos, además de eliminar los peajes para motociclistas en nuevas carreteras.
Lula defendió las obras de su administración y aseguró que continuará ejecutándolas porque ganará las elecciones.
El enfrentamiento se produjo en un escenario de máxima incertidumbre electoral. La última encuesta de Datafolha mostró a Flávio Bolsonaro con el 47% de intención de voto y a Lula con el 46%, una diferencia dentro del margen de error. Al considerar únicamente los votos válidos, ambos aparecen empatados en el 50%.
Los resultados de la primera vuelta también reflejaron la paridad: Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los sufragios y Lula alcanzó el 45,16%.
En ese contexto, el debate representó una última oportunidad para conquistar a los indecisos antes de la votación del domingo.
La estrategia de ambos candidatos también quedó reflejada en sus intervenciones. Lula intentó defender los logros de su gestión y advertir sobre los riesgos de un programa de ajuste económico, mientras Bolsonaro buscó instalar la pérdida del poder adquisitivo, el endeudamiento y el desgaste del oficialismo como los principales problemas del país.
El sábado, los dos concentrarán sus actividades finales en el sudeste brasileño, donde reside cerca del 40% del electorado. Lula encabezará actos en Río de Janeiro y San Pablo, mientras que Bolsonaro recorrerá Belo Horizonte y cerrará su campaña en Río.
Brasil llegará así a las urnas profundamente dividido, con dos proyectos políticos enfrentados y un resultado abierto. El debate confirmó que la economía será decisiva para definir al próximo presidente, en una elección que también se sigue con especial atención desde la Argentina por las diferencias ideológicas de los candidatos y el futuro de la relación bilateral.
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