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Meta paga una fortuna: acuerdo por la adicción juvenil

La empresa abonará US$ 16.700 millones para cerrar el juicio y deberá implementar restricciones de uso destinadas a proteger a niños y adolescentes en sus plataformas
Mark Zuckerberg, fundador y director ejecutivo de Meta / Archivo

Por Redacción

Meta llegó a un acuerdo histórico con estados y territorios de Estados Unidos para poner fin a una de las mayores ofensivas judiciales contra una compañía tecnológica por el impacto de las redes sociales en los menores. La empresa propietaria de Facebook e Instagram aceptó pagar hasta 16.700 millones de dólares y aplicar fuertes restricciones al uso de sus plataformas por parte de adolescentes. El acuerdo todavía debe ser aprobado por la Justicia.

El entendimiento pone punto final a casi cinco años de investigaciones y demandas. El caso se originó en las acusaciones de que Meta diseñó sus aplicaciones para mantener a los jóvenes conectados durante más tiempo, aun cuando conocía los posibles efectos negativos sobre su bienestar. También fue señalada por engañar al público sobre los riesgos de sus productos y por recopilar datos personales de menores de 13 años sin autorización de sus padres.

La causa adquirió especial repercusión después de las revelaciones de Frances Haugen, una ex empleada de Meta que en 2021 expuso investigaciones internas de la compañía sobre los efectos de sus plataformas. Dos años después, una coalición de estados presentó una demanda que desembocó en el juicio federal que comenzó este mes en California. El proceso podía haberle costado a Meta hasta 200.000 millones de dólares si terminaba con una sentencia desfavorable.

CAMBIO PARA ADOLESCENTES

Como parte del acuerdo, Meta deberá modificar de manera sustancial la experiencia de los menores en Facebook e Instagram. Entre las principales medidas figura un límite predeterminado de dos horas diarias de uso acumulado. Además, las cuentas de adolescentes quedarán bloqueadas automáticamente entre la medianoche y las 6 de la mañana.

Las restricciones podrían ser todavía mayores si otras grandes plataformas adoptan compromisos similares. En ese escenario, el bloqueo nocturno se extendería de las 22 a las 7 y el tiempo permitido se reduciría a 60 minutos por aplicación, con un máximo total de dos horas. Meta busca así que la protección no pierda eficacia simplemente porque los jóvenes trasladen su actividad de una red a otra.

El acuerdo también contempla notificaciones silenciadas durante el horario escolar, mayores controles para los padres y sistemas más estrictos para verificar la edad de los usuarios. Los adolescentes podrán, además, optar por una experiencia menos personalizada, con un feed que no dependa de recomendaciones diseñadas para prolongar el tiempo frente a la pantalla. También desaparecerán de sus cuentas los recuentos públicos de “me gusta” y determinados filtros relacionados con procedimientos estéticos.

DIEZ AÑOS BAJO VIGILANCIA

Meta no tendrá libertad para aplicar las nuevas reglas a su manera. El cumplimiento será controlado por un auditor independiente, elegido conjuntamente con los estados y financiado por la propia compañía. La supervisión se extenderá durante años, convirtiendo el acuerdo en una prueba inédita sobre cuánto puede modificar una empresa tecnológica su modelo de funcionamiento para proteger a los usuarios más jóvenes.

El desembolso tampoco será necesariamente inmediato. Una parte importante del dinero se pagará en cuotas durante la próxima década, mientras que otra quedará condicionada a que competidores como TikTok, YouTube y Snapchat adopten medidas comparables.

PRECEDENTE PARA TODA LA INDUSTRIA

Aunque Meta no reconoce haber cometido irregularidades, el acuerdo marca un antes y un después. La empresa negó de manera constante que sus productos hayan sido diseñados para generar adicción y sostiene que ya había desarrollado herramientas para brindar mayor protección a los adolescentes.

Sin embargo, el impacto del caso excede a Facebook e Instagram. TikTok, YouTube y Snapchat también enfrentan miles de demandas relacionadas con los efectos de las redes sobre los menores. Por eso, el acuerdo puede convertirse en un modelo para futuras negociaciones y aumentar la presión sobre toda la industria.

El mensaje de los estados es claro: las grandes plataformas ya no pueden limitarse a pedir a los padres que controlen el tiempo de pantalla de sus hijos. Ahora deberán asumir una parte mucho mayor de la responsabilidad sobre cómo están diseñadas sus aplicaciones y sobre el modo en que capturan la atención de los usuarios más jóvenes.

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