En su cruzada por impulsar la natalidad y reforzar los llamados valores tradicionales, el gobierno ruso dio un paso más al considerar que las parejas que conviven sin casarse representan una amenaza para la seguridad nacional. La polémica afirmación fue realizada por el viceministro de Justicia, Vadim Balanin, quien sostuvo que este tipo de uniones, junto con el elevado número de divorcios, pone en riesgo el futuro demográfico del país.
El funcionario aseguró que estas tendencias afectan la estabilidad de Rusia y defendió la necesidad de fortalecer la institución del matrimonio como parte de la estrategia promovida por el Kremlin para revertir la caída de la población, agravada desde el inicio de la invasión a Ucrania en 2022.
No es la primera vez que Moscú busca intervenir en decisiones estrictamente personales. Meses atrás, el Ministerio de Salud aprobó recomendaciones para que las mujeres que expresen su deseo de no tener hijos sean derivadas a terapia psicológica con el objetivo de incentivar una visión favorable de la maternidad.
La iniciativa se sumó a la prohibición de difundir mensajes considerados como “propaganda antihijos”, una medida que contempla fuertes multas para quienes promuevan públicamente la decisión de no formar una familia. Con una tasa de fertilidad de apenas 1,4 hijos por mujer, muy por debajo del nivel necesario para sostener la población, el Kremlin endurece su política demográfica.
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