El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, volvió a marcar distancia con Donald Trump al rechazar el plan de 15 puntos para Gaza impulsado por Estados Unidos y aceptado por Hamás. La decisión amenaza con complicar una hoja de ruta que Washington presenta como una salida al conflicto y revela nuevas diferencias entre los dos aliados.
Durante una reunión de su gabinete, Netanyahu fue tajante: Israel no aceptará el documento ni retirará sus tropas de Gaza hasta que Hamás esté completamente desarmado. Aseguró que las fuerzas israelíes continuarán actuando para neutralizar amenazas contra sus soldados y ciudadanos. “Estamos hablando de un desarme real, no de un desarme ficticio”, enfatizó.
El plan contempla el desarme de Hamás, una retirada progresiva de Israel y la creación de una autoridad palestina para administrar Gaza durante un período de transición. El movimiento islamista aceptó el acuerdo, pero reclamó a Washington que presione a Netanyahu para evitar que las diferencias políticas internas bloqueen su aplicación.
DESAFÍO PARA WASHINGTON
El rechazo israelí representa un desafío para Trump, pese a que Netanyahu definió al presidente estadounidense como su “mayor amigo en la Casa Blanca”. Ambos ya habían protagonizado desencuentros por la guerra contra Irán y los esfuerzos de Washington para alcanzar un alto el fuego con Teherán.
Detrás de la postura del primer ministro aparece la política interna. Netanyahu buscará la reelección el 27 de octubre, en las primeras legislativas desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Sondeos lo muestran empatado o incluso por detrás de sus rivales, mientras el plan para Gaza genera rechazo entre su base conservadora y sus aliados de extrema derecha.
Washington ya había modificado el calendario original, aceptando que Israel no comenzara la retirada hasta un desarme “completo” de Hamás.
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