Ordenar un armario puede parecer una tarea de lo más rutinaria, pero para un sacerdote de La Courneuve, en las afueras de París, terminó convirtiéndose en una pequeña operación de seguridad. Mientras acomodaba su casa parroquial, el cura encontró nada menos que un obús de la Primera Guerra Mundial escondido dentro de un armario. El proyectil, de calibre 75, estaba entero y había permanecido allí durante décadas. “Esto es un obús entero”, comentó sorprendido el sacerdote, que decidió avisar inmediatamente a la Policía. Los agentes confirmaron que se trataba de una munición de la guerra de 1914-1918, con la parte delantera muy oxidada y dañada. Aunque el obús estaba inerte, todavía contenía explosivos, por lo que las autoridades establecieron un perímetro de seguridad alrededor del lugar. La precaución obligó a interrumpir temporalmente la circulación de la línea T1 del tranvía y a evacuar un centro de ocio cercano, donde se encontraba un centenar de niños. Por fortuna, todo terminó sin sobresaltos. Los especialistas retiraron el proyectil y la zona recuperó la normalidad. El episodio, sin embargo, volvió a recordar que en Francia los rastros de las dos guerras mundiales todavía pueden aparecer en los lugares más inesperados. Los hallazgos casuales de antiguos obuses son relativamente frecuentes y, en ocasiones, hasta obligan a detener temporalmente el servicio ferroviario.
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