La Unión Europea endureció su posición frente a Moscú. En un informe reciente aprobado por el Parlamento Europeo, Rusia fue señalada por primera vez como la principal amenaza externa para la integridad democrática del bloque, una definición que refleja la creciente inquietud por las campañas de desinformación, la injerencia extranjera y los llamados ataques híbridos.
El documento, elaborado por la Comisión Especial sobre el Escudo Europeo de la Democracia, recibió 20 votos a favor, nueve en contra y dos abstenciones. Además de diagnosticar los riesgos actuales, propone medidas para reforzar la capacidad de la Unión Europea frente a intentos de manipulación política, ataques contra infraestructuras críticas y amenazas en el ámbito digital.
Los eurodiputados describen un escenario en el que actores extranjeros buscan influir sobre la opinión pública, fomentar divisiones internas y debilitar la confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas. Según el informe, estas operaciones aprovechan las vulnerabilidades sociales para desestabilizar al continente.
En ese marco, el Parlamento Europeo identifica al Kremlin como el principal impulsor de esas acciones y recuerda que la Eurocámara ya había definido a Rusia como un Estado promotor del terrorismo. A partir de ese diagnóstico, reclama una estrategia de disuasión activa y un fortalecimiento de las herramientas de defensa institucional.
El eurodiputado sueco Tomas Tobé, responsable del informe, advirtió que ningún país de la Unión puede afrontar este desafío por sí solo. Por ello, propuso avanzar en reformas que mejoren la coordinación entre los Estados miembros, amplíen las capacidades operativas y aumenten la preparación frente a futuras amenazas.
El texto también alerta sobre los riesgos de normalizar las relaciones con Moscú sin considerar la naturaleza del régimen ruso ni sus objetivos estratégicos. A juicio de los legisladores, esa actitud debilitó la capacidad de respuesta europea y favoreció un escenario más inestable. Entre las recomendaciones figura reforzar la eficacia de las sanciones impuestas tras la invasión de Ucrania, incluyendo medidas contra empresas y actores internacionales que colaboran para eludir las restricciones y facilitar operaciones rusas. El informe también pone el foco en China y advierte sobre los riesgos asociados al uso de componentes tecnológicos, hardware y software provenientes de países considerados de alto riesgo, capaces de permitir acceso remoto o transferencia de datos sensibles.
Para Bruselas, proteger la seguridad tecnológica será una pieza clave para resguardar la fortaleza de las democracias europeas.
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