Una broma con cientos de pizzas terminó convirtiéndose en un problema judicial que podría llevar a un joven polaco a pasar hasta ocho años en prisión. El sospechoso, de 23 años, fue detenido por pedir comida a nombre de personas que jamás habían hecho esos encargos. La maniobra no era tan inocente. Los pedidos incluían datos personales precisos de las víctimas y amenazas sobre posibles secuestros, incendios y accidentes de tránsito, lo que provocó temor entre varios de los afectados. La mayoría de las órdenes se concentraron en Szczecin, aunque también llegaron a Varsovia, Cracovia y Breslavia. Los restaurantes debieron preparar pedidos que nadie iba a recibir y algunos sufrieron importantes pérdidas. El caso más llamativo fue el de 300 pizzas, con un costo superior a 37.000 zlotys, unos 10.000 dólares. Otros locales cancelaron las órdenes porque semejante cantidad era imposible de preparar a tiempo. La policía allanó la vivienda del joven y confiscó teléfonos, dispositivos y soportes de información. Ahora intenta determinar cómo organizaba los pedidos y cuál era su verdadero objetivo. Si es declarado culpable, podría recibir hasta ocho años de prisión. Lo que parecía una extraña broma terminó convirtiéndose en un caso de acoso y fraude con víctimas, restaurantes perjudicados y una cuenta judicial mucho más pesada que la de cualquier pizza.
SUSCRIBITE a esta promo especial