El mercado internacional del oro atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos meses. El metal precioso llegó a cotizar por debajo de los US$4.000 por onza, un nivel que no se observaba desde noviembre, en medio de una fuerte corrección que ya borró cerca del 25% de su valor desde los máximos históricos registrados a comienzos de este año.
La caída se produjo luego de varias jornadas consecutivas de presión bajista y encendió señales de alerta entre inversores y analistas, ya que se trata del ajuste más pronunciado para el metal desde la crisis financiera global.
A finales de enero, el oro había superado los US$5.400 por onza impulsado por la incertidumbre internacional y la búsqueda de activos de refugio. Sin embargo, el escenario cambió de manera significativa durante los últimos meses.
Qué factores explican la fuerte baja del precio del oro
Entre los principales motivos detrás del retroceso aparece la disminución de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, un factor que redujo la demanda de activos considerados seguros.
Al mismo tiempo, el fortalecimiento del dólar estadounidense también ejerció presión sobre el metal. La moneda norteamericana ganó terreno apoyada por su papel central en el comercio energético y por la relevancia creciente de Estados Unidos como exportador de energía.
A este contexto se suma un cambio en las expectativas respecto de la política monetaria de la Reserva Federal. La persistencia de una inflación elevada en Estados Unidos llevó al mercado a incrementar las probabilidades de nuevas subas de tasas de interés.
Las tasas altas y los bonos compiten con el oro
Las perspectivas de una política monetaria más restrictiva generan un doble impacto negativo sobre el oro. Por un lado, fortalecen al dólar; por otro, aumentan la rentabilidad de los bonos del Tesoro, activos que compiten directamente con el metal por el capital de los inversores más conservadores.
Este fenómeno redujo parte del atractivo que había impulsado la espectacular escalada del oro durante los últimos años.
Además, el comportamiento del mercado también cambió. La creciente utilización de fondos cotizados (ETF) y otros instrumentos financieros vinculados al metal acercó su dinámica a la de los activos de riesgo. En consecuencia, muchos inversores ya no compran oro únicamente como cobertura frente a la volatilidad, sino buscando obtener ganancias de capital.
Bancos de inversión recortan sus proyecciones para el oro
El deterioro del escenario llevó a importantes entidades financieras internacionales a revisar sus estimaciones para el cierre del año.
Tanto Goldman Sachs como Deutsche Bank redujeron recientemente sus previsiones sobre el precio del metal. En el caso de Goldman Sachs, el objetivo fue ajustado a US$4.900 por onza, unos US$500 menos que la proyección anterior.
Pese a estos recortes, los analistas no descartan una recuperación parcial en los próximos meses.
Expectativas de recuperación
Uno de los factores que mantiene cierto optimismo en el mercado es la continuidad de las compras por parte de los bancos centrales, considerados los mayores compradores institucionales de oro del mundo.
De acuerdo con relevamientos del sector, cerca del 45% de las entidades monetarias prevé incrementar sus reservas de oro, una tendencia que podría ofrecer soporte a los precios y limitar nuevas caídas.
Sin embargo, los especialistas advierten que la evolución futura dependerá de varios factores, entre ellos la política monetaria de Estados Unidos, el comportamiento del dólar y el contexto geopolítico global.
Por ahora, el metal precioso enfrenta un escenario desafiante y continúa alejándose de los récords alcanzados a comienzos de año, mientras el mercado busca señales que permitan anticipar si la corrección llegó a su fin o si aún queda margen para nuevas bajas.
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