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Premier inglés en jaque: el caso Epstein no le da respiro

La difusión de 1.500 páginas de documentos reveló nuevas irregularidades en la designación de Peter Mandelson como embajador en EE UU y ahondó la crisis política
Jeffrey Epstein (der.) y Peter Mandelson (de saco oscuro) / Archivo, Depto de Justicia de Estados Unidos

Por Redacción

La publicación de más de 1.500 páginas de documentos oficiales sobre el nombramiento de Peter Mandelson como embajador británico en Estados Unidos volvió a sacudir la política del Reino Unido y generó nuevas dificultades para el primer ministro Keir Starmer. Los archivos revelan detalles inéditos sobre una designación que terminó convertida en uno de los episodios más controvertidos de su gestión.

Entre los documentos aparece una nota enviada por Mandelson al entonces canciller David Lammy en noviembre de 2024. En ella aseguraba que el Gobierno “nunca se arrepentiría” de elegirlo como representante en Washington. Sin embargo, apenas unos meses después, Starmer se vio obligado a destituirlo cuando resurgieron cuestionamientos sobre sus vínculos con Jeffrey Epstein, el financiero estadounidense condenado por delitos sexuales.

DOCUMENTOS COMPROMETEDORES

La divulgación de los papeles fue exigida por legisladores y aporta nuevos elementos a una polémica que ya había golpeado al Gobierno laborista. Un lote anterior de documentos reveló que los ministros habían sido advertidos de que la amistad entre Mandelson y Epstein suponía un serio “riesgo reputacional”. También salió a la luz que el diplomático había sido aprobado para el cargo pese a no superar completamente los controles de seguridad.

Los nuevos archivos muestran discusiones internas sobre una evaluación considerada apresurada por varios funcionarios. Jonathan Powell, asesor de Seguridad Nacional, ya había descrito el proceso como “extrañamente acelerado”. En correos electrónicos incluidos en la documentación, Mandelson se mostraba molesto por la cantidad de información requerida y cuestionaba si debía detallar prácticamente cada contacto extranjero que había mantenido durante décadas de vida pública.

Aún no está claro por qué no superó los controles de seguridad. El resumen oficial de la evaluación permanece reservado porque forma parte de una investigación policial en curso. Distintas fuentes sostienen que el problema no estuvo relacionado directamente con Epstein, sino con otros factores, incluidos vínculos comerciales con Rusia y China que habían despertado inquietud entre funcionarios británicos.

Mandelson, de 72 años, enfrenta además una investigación por presuntamente haber compartido información sensible con Epstein cuando ocupaba cargos ministeriales. Fue arrestado brevemente en febrero y luego liberado mientras continúan las pesquisas.

El caso se convirtió en una pesada carga política para Starmer. La oposición conservadora sostiene que el nombramiento refleja un grave error de criterio. Las críticas crecieron tras una serie de derrotas electorales locales sufridas por el Partido Laborista y alimentaron tensiones internas sobre el liderazgo del primer ministro.

Paradójicamente, la designación de Mandelson había sido vista inicialmente como una jugada inteligente. Su experiencia como excomisario europeo de Comercio, su red internacional de contactos y su conocimiento de Washington parecían activos valiosos para gestionar la compleja relación con Donald Trump durante su regreso a la Casa Blanca.

Durante los primeros meses, la apuesta pareció funcionar. Starmer logró una visita exitosa a Washington y posteriormente se anunció un acuerdo comercial entre ambos países. Sin embargo, la revelación de nuevos detalles sobre la relación de Mandelson con Epstein terminó eclipsando esos logros.

Los documentos publicados también exponen tensiones dentro del propio Gobierno. En conversaciones privadas, varios ministros expresaban frustración por la falta de liderazgo de Starmer. En mensajes intercambiados con Mandelson, el ministro Pat McFadden llegó a afirmar que el primer ministro “no lidera desde el frente”. El exembajador coincidía y sostenía que al jefe de Gobierno le faltaba energía política y una dirección clara.

Así, lo que comenzó como una apuesta estratégica para fortalecer la relación con Estados Unidos terminó transformándose en una crisis que sigue dañando la imagen de Starmer y alimentando las dudas sobre su capacidad para conducir al Reino Unido en un escenario político cada vez más turbulento.

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