El primer ministro británico, Keir Starmer, ofreció una disculpa oficial en nombre del Estado por las más de 185.000 adopciones forzosas de bebés nacidos de madres solteras que se produjeron en Reino Unido entre fines de la década de 1940 y mediados de la de 1970.
Ante el Parlamento, Starmer calificó este episodio como una “mancha” en la historia del país y expresó un profundo arrepentimiento hacia las mujeres que fueron presionadas o coaccionadas para entregar a sus hijos. “La vergüenza no les pertenece a ustedes. Nunca les ha pertenecido. Nos pertenece a nosotros”, afirmó. Durante décadas, hospitales, servicios sociales, organizaciones benéficas y entidades religiosas convencieron a miles de madres de que no eran aptas para criar a sus hijos o de que los pequeños tendrían un futuro mejor si eran adoptados por una familia casada. En muchos casos, las mujeres apenas pudieron sostener o despedirse de sus bebés antes de que fueran separados de ellas.
La disculpa llega tras una investigación independiente que concluyó que estas prácticas constituyeron una grave injusticia y recomendó un reconocimiento oficial por parte del gobierno. Antes de dirigirse al Parlamento, Starmer recibió en Downing Street a madres e hijos afectados por estas adopciones y elogió el “extraordinario valor” con el que compartieron sus testimonios tras décadas de dolor y silencio.
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