La muerte de Abderrahim Fakir, un marroquí de 42 años que falleció mientras era reducido y esposado por dos policías en Bolonia, desencadenó una grave crisis política y social en Italia. La difusión de un video que muestra sus últimos minutos de vida provocó una multitudinaria manifestación que terminó en violentos enfrentamientos entre grupos radicales de izquierda y las fuerzas de seguridad.
Los disturbios dejaron 64 agentes heridos, vehículos policiales incendiados, daños en bancos, comercios y mobiliario urbano, además de decenas de bicicletas utilizadas para levantar barricadas en el centro de la ciudad.
La primera ministra, Giorgia Meloni, calificó los hechos como “inaceptables” y reclamó que la muerte de Fakir sea investigada “con el máximo rigor”, aunque también defendió el accionar de la policía y condenó los ataques contra las fuerzas de seguridad. La Fiscalía de Bolonia abrió una investigación por homicidio culposo, mientras los dos agentes involucrados y cuatro integrantes del servicio de emergencias quedaron amparados por el llamado “escudo penal”, una norma impulsada por el actual gobierno.
Testigos aseguraron que Fakir sufría una crisis psiquiátrica, pedía ayuda y no estaba armado cuando fue inmovilizado. Las imágenes recordaron el caso de George Floyd en Estados Unidos.
El alcalde de Bolonia, Matteo Lepore, diferenció la protesta pacífica de los disturbios y pidió evitar la utilización política del caso.
La familia de Fakir también repudió la violencia y reclamó verdad, justicia y responsabilidades, insistiendo en que la víctima necesitaba asistencia y no un desenlace fatal.
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