La prolongación de la guerra en Medio Oriente ya no solo preocupa por el impacto inmediato sobre los precios de la energía. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que el conflicto está acelerando el agotamiento de las reservas mundiales de petróleo, una situación que podría convertirse en un problema de largo plazo para la economía global si las interrupciones en el suministro persisten.
En un informe difundido ayer, el organismo señaló que, aunque el mercado logró absorber el primer golpe provocado por la escalada bélica, los inventarios de crudo se están reduciendo a un ritmo preocupante. Según sus estimaciones, hacia finales de mayo más de 1.100 millones de barriles, equivalentes a unos diez días del consumo mundial, permanecían fuera del mercado, un déficit superior al registrado durante la crisis petrolera de 1973, la guerra entre Irán e Irak y la Guerra del Golfo.
La principal causa fue el cierre del estrecho de Ormuz, una vía estratégica por la que normalmente circula cerca de una quinta parte del petróleo consumido en el planeta. La interrupción del paso bloqueó alrededor de 20 millones de barriles diarios de crudo y combustibles refinados, alterando las cadenas de suministro internacionales.
Para amortiguar el impacto, varios productores del Golfo intentaron desviar sus exportaciones. Arabia Saudita incrementó los envíos a través de su oleoducto hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, mientras Emiratos Árabes Unidos llevó al límite la capacidad de su terminal de Fujairah. Sin embargo, esas alternativas solo compensaron una parte del volumen perdido.
El FMI también destacó que el déficit fue cubierto utilizando reservas estratégicas e inventarios comerciales, incluidos los almacenados en China. Paralelamente, la producción aumentó en países como Estados Unidos, Venezuela, Guyana y Rusia, mientras que el encarecimiento del crudo redujo el consumo en varias economías asiáticas, que recurrieron con mayor intensidad al carbón y a las energías renovables.
Pese a esos factores de contención, el organismo considera que la situación sigue siendo frágil. Las nuevas hostilidades entre Irán, Israel y Estados Unidos volvieron a sembrar dudas sobre la reapertura completa de Ormuz y sobre el tiempo que demandará normalizar el transporte marítimo. Las estimaciones de la industria indican que, incluso una vez reabierta la ruta, podrían transcurrir entre dos y tres meses antes de que el flujo de petróleo recupere un nivel significativo.
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