Francia vivió otro sábado de protestas, con decenas de miles de personas en las calles para reclamar aumentos salariales, medidas contra la pérdida del poder adquisitivo y mejoras en la educación. Aunque la participación disminuyó respecto de las jornadas anteriores, la continuidad de las movilizaciones mantiene la presión sobre el gobierno de Emmanuel Macron, que convocó para el lunes a reuniones con sindicatos, empresarios y organizaciones estudiantiles.
Según las autoridades, unas 146.000 personas se manifestaron en todo el país, mientras que los organizadores elevaron la cifra a 250.000. El despliegue de seguridad volvió a ser considerable: el Ministerio del Interior movilizó a unos 70.000 policías y gendarmes para prevenir disturbios y proteger edificios públicos y comercios.
En París, la principal columna recorrió el trayecto entre las plazas de la República y de la Nación, por el boulevard Voltaire. Estudiantes, docentes, jubilados y trabajadores compartieron una marcha de clima mayormente festivo, acompañada por música y consignas contra el presidente. Sin embargo, durante la dispersión se registraron incidentes y la policía utilizó gases lacrimógenos. También hubo enfrentamientos en otras ciudades, entre ellas Burdeos y Marsella.
“Es una fecha que permite mantener la presión”, sostuvo la vocera de la Unión Estudiante, Sabrine Kharbach. La próxima cita ya está definida: los sindicatos educativos convocaron a una nueva huelga y movilizaciones para el martes 10 de noviembre.
La protesta reúne reclamos que comenzaron por distintos caminos y confluyen en el deterioro de las condiciones de vida. Los trabajadores exigen una recomposición salarial frente al encarecimiento de los gastos cotidianos, mientras los estudiantes denuncian falta de profesores, aulas deterioradas y un sistema de admisión universitaria que consideran poco transparente.
El jueves, entre 575.000 personas, según las autoridades, y 1,6 millones, de acuerdo con los organizadores, habían salido a las calles. La menor concurrencia del sábado fue destacada por el Gobierno, que describió una movilización “claramente a la baja”. Entre los manifestantes, en cambio, la persistencia de las marchas fue presentada como una señal de que el conflicto sigue abierto.
“Sí, somos menos que en otras ocasiones, pero queremos demostrar que no bajamos los brazos”, explicó Léa, una estudiante de 20 años que participó de la movilización parisina.
Las organizaciones juveniles reclaman respuestas concretas y advierten que los anuncios realizados hasta ahora resultan insuficientes. La secretaria general de la UNEF, Manon Moret, afirmó que “la juventud sigue decidida y enojada” y anticipó que volverá a movilizarse junto al personal educativo.
Ante ese escenario, el Ejecutivo convocó para el lunes a una “conferencia social” con sindicatos y patronal, dedicada al poder adquisitivo y los salarios. También habrá encuentros con representantes estudiantiles. La discusión incluye el salario mínimo y la posibilidad de superar el umbral de los 1.500 euros netos, una meta que el ministro de Trabajo, Jean-Pierre Farandou, consideró importante.
Chalecos amarillos y tensión con la policía
A diferencia de los sábados anteriores, los chalecos amarillos se movilizaron por separado. En París llamaron a concentrarse en la plaza de la Concordia, cerca del Palacio del Elíseo, pese a la prohibición policial. Varias decenas de personas respondieron a la convocatoria y fueron rodeadas por las fuerzas de seguridad.
Dos referentes del movimiento, Benjamin Ball y Azelma Sigaux, fueron detenidos frente a la Asamblea Nacional y quedaron bajo custodia policial.
El accionar de las fuerzas de seguridad también quedó en el centro de la controversia. Abogados que representan a por lo menos 18 personas heridas durante las protestas anunciaron que presentarán una denuncia contra el ministro del Interior, Laurent Nuñez, ante la Corte de Justicia de la República. Cuestionan el uso de armas que describen como “mutilantes” durante los operativos.
La reiteración de las marchas, mientras tanto, repercute en la vida cotidiana. Sobre el boulevard Voltaire, comerciantes cubrieron vidrieras con madera y retiraron mercadería por temor a los saqueos. Los cierres y las dificultades para circular agravan la preocupación por las ventas en las semanas previas a las fiestas.
Con nuevas protestas anunciadas y las organizaciones decididas a sostener sus reclamos, las reuniones del lunes serán una instancia clave para conocer qué respuestas ofrecerá el Gobierno y si alcanzarán para empezar a descomprimir el conflicto.
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