La crisis humanitaria en Venezuela se agrava con el paso de las horas tras los devastadores sismos del 24 de junio. Mientras continúan las tareas de rescate, decenas de miles de personas permanecen sin alimentos, refugio y servicios básicos, en un escenario que organismos internacionales califican de crítico.
En el estado de La Guaira, el más afectado, la escasez de comida provoca tensiones entre los damnificados, que sobreviven en campamentos improvisados o a la intemperie. Muchas familias temen regresar a edificios dañados y denuncian que la ayuda resulta insuficiente para cubrir las necesidades más urgentes.
A la falta de techo y alimentos se suma el riesgo de un brote de enfermedades. La Organización Mundial de la Salud alertó sobre la presión extrema que soporta el sistema sanitario y advirtió sobre posibles casos de sarampión, difteria y tos ferina si las condiciones no mejoran rápidamente.
Pese al dramático panorama, aún no se pierde la fe. Ayer, un niño de tres años fue rescatado con vida por socorristas jordanos tras permanecer atrapado bajo los escombros.
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