Israel e Irán parecieron dar un paso atrás ayer tras protagonizar un nuevo intercambio de ataques, el primero desde que Estados Unidos impulsó un alto el fuego con Teherán dos meses atrás. Aunque ambas partes lanzaron operaciones militares durante la jornada, los mensajes posteriores dejaron entrever una intención de evitar una escalada inmediata y mantener abierta la posibilidad de preservar la frágil tregua alcanzada en abril.
La nueva ronda de hostilidades volvió a encender las alarmas en Medio Oriente y generó preocupación en los mercados internacionales. Desde el inicio de la guerra, el pasado 28 de febrero, el conflicto ha impactado en la economía mundial, elevando los precios de la energía y encareciendo numerosos productos básicos.
INCERTIDUMBRE SOBRE ORMUZ
Además, la incertidumbre sobre el futuro del estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte de petróleo y gas, continúa condicionando los movimientos económicos globales.
Tras los ataques cruzados, el presidente estadounidense Donald Trump reclamó un cese inmediato de los combates. Poco después, el mando conjunto de las Fuerzas Armadas iraníes anunció que suspendía sus operaciones ofensivas, aunque advirtió que responderá con acciones “mucho más severas” ante cualquier nueva agresión de Israel o de sus aliados.
En la misma línea, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dio a entender que la actual fase de enfrentamientos podría haber concluido, aunque aclaró que responderá con fuerza si Irán vuelve a atacar.
Los hechos que desencadenaron la tensión comenzaron cuando Israel lanzó bombardeos contra objetivos en el centro y oeste de Irán, incluyendo instalaciones vinculadas a la producción de materiales para misiles balísticos y lanzadores móviles.
Teherán respondió con una nueva oleada de misiles contra territorio israelí. Las defensas aéreas interceptaron parte de los proyectiles, mientras que la Guardia Revolucionaria aseguró haber atacado dos bases militares israelíes.
EL CONFLICTO SE EXTIENDE
En paralelo, el conflicto siguió extendiéndose a otros escenarios regionales. Israel mantuvo operaciones militares en Líbano contra Hezbolá, aliado de Irán, mientras que nuevos ataques dejaron víctimas en distintas localidades libanesas.
Por su parte, los rebeldes hutíes de Yemen amenazaron con retomar acciones contra embarcaciones vinculadas a Israel en el mar Rojo, una situación que podría afectar nuevamente al comercio marítimo internacional.
A pesar de la violencia, ambos países levantaron algunas de las restricciones de seguridad adoptadas durante los combates. Israel anunció la reapertura de la mayoría de las escuelas que habían cerrado, mientras que Irán restableció parcialmente el tráfico aéreo civil. Estas medidas fueron interpretadas como señales de una posible desescalada.
Mientras tanto, continúan los esfuerzos diplomáticos. El embajador iraní ante la ONU, Amir Saeid Iravani, afirmó que Teherán y Washington siguen trabajando para alcanzar un acuerdo que permita estabilizar la situación.
Diversos países de la región, entre ellos Arabia Saudita, Egipto, Turquía, Qatar y Pakistán, también presionan para evitar que el conflicto vuelva a transformarse en una guerra regional de gran escala.
Aunque el intercambio de fuego pareció detenerse por el momento, las advertencias mutuas dejan claro que la calma sigue siendo extremadamente frágil y que cualquier incidente podría volver a encender uno de los focos de tensión más peligrosos del mundo.
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