En una escuela de Georgia, los alumnos de segundo grado tienen una libertad poco habitual: si necesitan dejar escapar una flatulencia, no tienen que pedir permiso ni interrumpir la clase. Solo deben dirigirse a la particular “gasolinera” que su maestra creó para esos momentos. Candy Sydney-Browning, docente de primaria, bautizó el espacio como “rincón de los gases” y lo señalizó con un cartel amarillo que dice “Zona de vientos fuertes” en mayúscula. La idea surgió por una razón personal: la maestra asegura tener un estómago muy sensible y no soportar los olores. Pero también buscó evitar distracciones. Antes, cuando algún alumno soltaba una flatulencia, sus compañeros reaccionaban, se reían y trataban de descubrir al responsable. Ahora, quien siente que necesita liberar gases simplemente se levanta, va hasta la “gasolinera” y regresa a su lugar, sin levantar la mano ni pedir autorización. Lo más curioso es que los chicos se acostumbraron rápidamente. Al principio algunos se daban vuelta o sonreían cuando un compañero iba al rincón, pero pronto dejaron de prestarle atención. “Simplemente se convirtió en algo normal”, dijo la maestra. La insólita iniciativa se volvió viral y generó reacciones de todo tipo.
Muchos usuarios la consideran una solución ingeniosa para evitar interrupciones y naturalizar una función corporal inevitable. En definitiva, Sydney-Browning encontró una fórmula sencilla: menos risas, menos interrupciones y más aire para seguir con la clase.
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