Donald Trump quiso convertir la llegada de Xi Jinping a Washington en una demostración de cercanía personal. Durante el inicio de las conversaciones en la Casa Blanca ayer, el presidente estadounidense destacó la relación que mantiene con su par chino desde su primera elección, en 2016, y la definió como una “amistad verdaderamente grande”, construida, según afirmó, sobre el respeto mutuo y los intereses de ambos pueblos. Xi, en cambio, mantuvo un tono más sobrio y defendió una relación estable entre las dos principales potencias económicas, aunque también dejó expuestas las cuestiones que Beijing considera irrenunciables.
“Desde el momento de mi primera elección en 2016, el presidente Xi y yo hemos forjado una amistad, una amistad verdaderamente grande en realidad”, afirmó Trump ante sus asesores y los del mandatario chino. El republicano había preparado una recepción de alto nivel para su visitante, con banda militar, exhibiciones de soldados de gala y un sobrevuelo de aviones de combate. Trump recibió a Xi y a su esposa, Peng Liyuan, el miércoles por la noche, cuando llegaron a la Base Conjunta Andrews. Melania Trump acompañó a Peng ayer al Museo Nacional de Arte Asiático del Smithsonian.
PUNTOS DE TENSIÓN PENDIENTES
Pero detrás de la escenografía de amistad quedaron pendientes varias diferencias. Xi pidió mantener una relación “sin conflicto ni confrontación” y sostuvo que la competencia entre ambos países debe ser saludable y permanecer dentro de ciertos límites. “Debería ser una carrera de ponerse al día el uno con el otro, no una lucha en la que uno gana o pierde”, planteó.
El presidente chino también propuso reforzar la comunicación entre las fuerzas armadas y mejorar los mecanismos destinados a prevenir crisis.
Taiwán aparece entre las principales demandas de Beijing. China considera a la isla parte de su territorio y reclama a Washington que detenga las ventas de armas destinadas a sus fuerzas. Estados Unidos mantiene una política de apoyo militar a Taiwán, aunque no reconoce a la isla como un Estado soberano. Trump llegó a presentar las ventas de armamento como una herramienta de negociación con Beijing y, tras una reunión anterior con Xi, había postergado la aprobación definitiva de un paquete de armas para Taipei por unos 14.000 millones de dólares.
Otro punto de tensión es Irán. China, que mantiene vínculos estrechos con Teherán, se ha resistido a las presiones de Trump para utilizar su influencia sobre el gobierno iraní y ayudar a alcanzar las condiciones que Washington reclama para poner fin al conflicto. Xi pidió que Estados Unidos e Irán resuelvan sus diferencias “lo antes posible” mediante la negociación. Beijing también ha cuestionado la intervención militar estadounidense e israelí y expresó preocupación por las consecuencias regionales y económicas de la guerra.
En el terreno comercial, ambos gobiernos acordaron prolongar por dos meses la tregua alcanzada después de la escalada de aranceles que enfrentó a las dos economías. La suspensión permitirá continuar las negociaciones para intentar alcanzar un acuerdo más amplio. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, señaló que Trump y Xi podrían buscar un entendimiento más duradero o decidir otra extensión cuando llegue el nuevo vencimiento.
La tregua tiene importancia para ambos gobiernos. Trump afronta un escenario político delicado de cara a las elecciones legislativas de noviembre, mientras Xi enfrenta dificultades en la economía interna china, aunque las exportaciones de alta tecnología siguen mostrando fortaleza.
La inteligencia artificial también forma parte de la agenda bilateral, en particular por la propuesta estadounidense de crear un mecanismo de notificación para incidentes relacionados con esta tecnología. Xi sostuvo que ambos países tienen la responsabilidad de garantizar que su desarrollo permanezca bajo control humano.
La visita, que concluye hoy viernes con un té entre las dos parejas presidenciales y una visita a los Archivos Nacionales, deja una imagen doble. Trump busca exhibir una relación personal de confianza con Xi y presenta al líder chino como un socio con quien puede entenderse. Xi, sin embargo, acompaña los gestos diplomáticos con llamados a la prudencia y recordatorios sobre Taiwán, Irán, la seguridad y la necesidad de evitar una confrontación.
La diferencia de tono no elimina la voluntad de diálogo, pero muestra que la cercanía que Trump describe como una “amistad verdaderamente grande” convive con una relación marcada por intereses enfrentados y asuntos que todavía pueden poner a prueba la tregua entre las dos potencias.
“Desde mi primera elección en 2016, el presidente Xi y yo hemos forjado una amistad grande”
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