Dos semanas después de los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela, la emergencia dejó paso a un nuevo desafío: prevenir una crisis sanitaria entre los miles de sobrevivientes que permanecen en refugios temporales. Equipos médicos de México, Estados Unidos, Brasil y España trabajan contrarreloj para contener la propagación de enfermedades en los campamentos instalados, principalmente en el estado La Guaira, la zona más golpeada por los sismos.
El balance oficial eleva la tragedia a cerca de 4.500 muertos y 16.740 heridos, además de casi 19.000 personas que perdieron sus hogares. Los hospitales de campaña, que en los primeros días atendieron traumatismos y fracturas, ahora concentran sus esfuerzos en enfermedades respiratorias, gastrointestinales, pacientes crónicos sin acceso a medicamentos y problemas de salud mental derivados del desastre.
En La Guaira funciona un hospital de emergencia estadounidense con 56 camas, unidades de cuidados intensivos, quirófanos y laboratorio, mientras que Brasil desplegó otro centro con consultas de clínica general, pediatría, ortopedia y diagnóstico por imágenes. España también instaló un hospital de campaña en Caracas.
Las organizaciones humanitarias advierten que el hacinamiento en los 94 albergues favorece la aparición de infecciones y otras complicaciones.
A ello se suman dolores musculares, cefaleas y trastornos emocionales que afectan a quienes perdieron familiares, viviendas y pertenencias durante el desastre.
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