Con su característica voz pausada, el cineasta chileno Patricio Guzmán, fallecido este martes, mostró como pocos el golpe que derrocó a Salvador Allende y la lucha por la memoria tras la dictadura, sobre todo con documentales como “La batalla de Chile” o “Nostalgia de la luz”.
Guzmán, que vivió en el exilio gran parte de su vida, especialmente en Cuba, España y Francia, donde residió hasta su muerte a los 85 años, abordó la historia chilena en la mayoría de los documentales que marcaron su filmografía.
“El documental es una red que arrojas y sacas lo que te interesa. Gracias a este ejercicio se puede dar cuenta del estado de ánimo de un país”, afirmó hace unos años el cineasta que vivía en París.
“Tienes que filmar la sociedad y sus problemas, pero desde el punto de vista de un poeta”
Una de sus primeras obras, la trilogía de “La batalla de Chile”, filmada entre 1972 y 1973, sobre el gobierno del socialista Salvador Allende y su derrocamiento en un golpe de Estado, sentó las bases de su cine.
El rodaje de estos tres filmes, considerados entre los grandes documentales políticos de la historia, se prolongó hasta el mismo día del golpe de Estado, el 11 de septiembre de 1973, que dio inicio a la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).
Guzmán estuvo detenido dos semanas en el Estadio Nacional de Santiago y luego logró salir del país con el material que había grabado. En Cuba pudo montar las tres partes, y las dos primeras fueron presentadas en el Festival de Cannes.
En el exilio, siguió realizando documentales, como “En nombre de Dios” (1987) sobre el papel de la Iglesia católica chilena frente a la dictadura, o “Salvador Allende” (2004).
“El documental siempre va a ser peligroso, entre comillas, porque cuenta la verdad, porque no tiene miedo. Siempre tendrá un costado subversivo y un costado marginal”, dijo en otra ocasión.
CINE PARA LA MEMORIA
Nacido en Santiago de Chile en 1941, en el seno de una familia más bien modesta, Guzmán cursó estudios de Filosofía pero acabó dejándolos para ponerse a trabajar en el campo de la publicidad, donde descubrió el mundo audiovisual. A finales de los años 1960, tomó todos sus ahorros para viajar a Madrid y estudiar cine.
Su filmografía está marcada por una quincena de documentales, casi todos sobre la historia reciente de su país.
“Todo creador tiene un tema obsesivo, que lo llena. Para algunos es una ciudad, una persona y, para mí, es la memoria de este país. No puedo avanzar si no recurro a ella. Es mi ventaja y mi limitación”, aseguró el director.
En “Nostalgia de la luz” (2010), Guzmán reunió de forma poética e inusual a los científicos que observan las estrellas en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, con las madres que remueven la tierra árida para encontrar los restos de sus desaparecidos.
“Tienes que filmar la sociedad y sus problemas sociales, políticos e ideológicos pero desde el punto de vista de un poeta. Si no lo haces con sentido cinematográfico te queda un panfleto o una película que va a durar muy poco tiempo”, comentó el cineasta.
Su infatigable labor contra la desmemoria se cerró con “Mi país imaginario” (2022) sobre el estallido social que sacudió a Chile en 2019. “Un país que no tiene cine documental es como una familia sin álbum familiar”, solía decir.
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