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Laura Chiabrando estrena este jueves en La Plata “Ahí donde no estás”, donde su cámara acompaña a una familia mientras atraviesa un duelo indecible. Es su segunda película, y su segundo estreno en cuestión de meses: en 2025 co-dirigió junto a María Laura Berch “La noche sin mi”, protagonizada por Natalia Oreiro (Premio Sur a la mejor ópera prima) y ahora mostrará en el Cine Select del Pasaje Dardo Rocha, del jueves al miércoles a las 18, su segundo largometraje de ficción.
“Tengo siempre varias escrituras en paralelo, ahora en diciembre empiezo otro rodaje, pero un poco se me juntaron”, se ríe la directora, docente de la Facultad de Artes local. Y explica sobre estos años prolíficos: “Empecé mi carrera de directora de grande, mi primera película la estrené con 45 años, así tengo la sensación de que el tiempo me corre. Y armar un set, rodar una película, da una vitalidad que... una quiere estar ahí siempre”.
Fueron “varios los estímulos”, porque además cuenta que pensó: “Si ahora no nos ponemos a hacer películas con las herramientas que tenemos, va a haber mucho menos cine”. Así que Chiabrando se propuso filmar con lo que había: le propuso a colegas, amigos y estudiantes de cine formar una especie de cooperativa (“hoy es difícil pensar en un cine con otro esquema”, afirma). Ella pagó comida, equipos, traslados y seguros, pero no tenía plata para sueldos, así que llegó a un acuerdo con el equipo técnico y actores, todos platenses (la película está protagonizada por Noelia Vergini, Mario Lombard, Ana Maria Haramboure y Violeta Bongiorno), para que “si a la película le entra un dinero, la ganancia se divida entre todos”.
Así se rodó “Ahí donde no estás”, una película donde Chiabrando profundiza una mirada personal, naturalista, que indaga en los vínculos familiares escondidos bajo la apacible apariencia de lo cotidiano: en sus dos películas, la cámara se introduce en el día a día de un hogar, casi espía, para hacer zoom sobre los silencios, las sutiles ternuras, las tensiones. En “Ahí donde no estás”, ha muerto el hijo de Julieta, que tras la tragedia se mudó con su hija en la casa de sus padres, ya grandes. Los desgarra un dolor imposible, del cual nadie puede hablar. Y al no poder hablar, no hay exorcismo posible, solo malentendidos, silencios, estallidos, mientras el fantasma del chico atraviesa la casa familiar.
“En las historias que escribo intento que se parezca a la vida: me corro del personaje clásico, con un objetivo, e intento contar a través de los detalles. Sobre una situación general, ¿qué detalles me ayudan a mí a construir vínculos, sin explicarlos? Mi esfuerzo en la escritura es contar a través de los detalles para construir un todo”, explica la directora.
Un cine a contramano de ese cine de lo explícito, producido para espectadores mirando celulares, que prolifera en las pantallas. “Me gusta esa definición, a contramano. Hay algo de eso”, confiesa Chiabrando. “Cuando fui a probar la copia llevé a mi mamá, y ella me decía que hermosas las situaciones, muy conmovedora la película, pero sentía que no se resolvían las situaciones… Mi papá falleció hace poco, pero vio mi anterior película. Y no le gustó, me dijo que le pareció una cagada, que no pasaba nada. Y mi padre, que es muy parecido al padre de esta película, era muy cinéfilo, pero estaba educado en un cine clásico: una película que lo que hace es sumar tensiones, acompañar momentos, no le resolvía su interés de entretenerse”.
“Y estamos todos un poco educados en pensar que el cine tiene que ser entretenimiento”, sigue. “Y eso implica un cine clásico donde hay algo muy claro que hay que seguir, que perseguir. En mi película, en cambio, no hay más que acompañar un montón de momentos de estos vínculos. Y eso es lo que me interesa”.
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