Hay una mitad que ya está escrita y otra que recién empieza a cantarse. Ale Kurz lo dice sin vueltas: la primera fue la que vivió junto a El Bordo, la banda que armó con sus amigos y con la que grabó ocho discos de estudio. La segunda llegó con los cuarenta, con el nacimiento de su hijo y con un proyecto solista al que ahora le pone el cuerpo entero. De ahí sale “La Otra Mitad”, el disco que viene construyendo canción por canción, que verá la luz en marzo y que trae este viernes a Guajira (49 entre 4 y 5).
“Tiene que ver con eso, pero también es una segunda mitad de la vida”, explica el músico en diálogo con EL DIA. Aunque prefiere no atar el título a una sola lectura: “La otra mitad a veces es el lado oscuro o el lado luminoso. Es lo que no se ve de eso que acostumbrás a ver todo el tiempo”.
El quiebre tiene fecha. Después del último show de El Bordo, en el Luna Park en mayo de 2024, la banda decidió tomarse una pausa y Kurz arrancó un proceso de más de dos años “viajando hacia adentro”. En el medio fue padre. “Digo que fueron nacimientos de mellizos, porque nació mi carrera solista junto con mi hijo”, resume.
No es su primera salida fuera del grupo: en 2013 publicó un libro de poesía y giró en formato cantautor, y en pandemia editó un disco solista experimental y acústico. La diferencia es que ahora decidió “poner toda la energía en el mismo lugar”. Para llegar a las diez canciones del nuevo trabajo, dice, tuvo que atravesar las más de cien que escribió antes.
Kurz habita esa doble condición sin conflicto. “Como solista siento que soy un artista nuevo, y eso me da un hermoso baño de humildad”, admite. Pero enseguida aclara que nada empezó de cero: “Sé que soy Ale de El Bordo y que voy a seguir siéndolo toda la vida. Me costó muchísimo forjarlo y estoy orgulloso. No reniego para nada de mi pasado”.
Tampoco hubo ablande. “Siempre hay una creencia popular de que si el cantante de rock se hace solista se ablanda. Pero no es el caso”, advierte. Lejos del formato fogón, lo que presenta es una banda eléctrica encabezada por él. El último adelanto del disco es “Intocable”, un rock pop de guitarras y teclados sobre los vínculos que persisten aunque la persona ya no esté.
El repertorio del viernes también cuenta esa historia. El show arranca con tres temas de El Bordo y a partir de ahí se van mechando las canciones nuevas con los clásicos. “Esas canciones por las que nos conocimos van a estar”, promete. Y se sorprende de lo rápido que prenden los estrenos, como “Intocable” o “Estocolmo”: “Las otras tienen quince años de relación con la gente, y estas, que tienen un par de meses, se están cantando mucho”.
El concepto de la gira es el cara a cara. Kurz eligió lugares donde el público esté a centímetros, y el paso por San Miguel, Ituzaingó, San Martín y Quilmes le dio la razón: “Fueron shows hipercalientes. Muchos lugares ni siquiera tenían vallado, y me encantó”. Lo piensa como un reencuentro después de dos años de encierro creativo: “Todo cobra sentido cuando esas canciones las canto para alguien”.
Esa idea lo sostuvo a lo largo de una carrera que arrancó casi junto con la crisis de 2001 y atravesó Cromañón, la llegada de las redes y la pandemia. Kurz la resume con Rilke, que en “Cartas a un joven poeta” sostiene que las obras de arte le pertenecen a quien las ama. “Las canciones no son mías, son de ustedes”, suele decir en los shows. Por eso lo entusiasma ver a pibes de veinte años escuchando a Charly García y a Los Redondos, o a padres que van a sus conciertos con sus hijos: “Eso es lo que te enciende”.
Cuándo: este viernes
Dónde: 49 entre 4 y 5
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