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Amor a la mexicana: la increíble historia de El Mariachi Gigante, de La Plata a México

Marcelo Quintana conduce el destino de la orquesta de música mexicana que comenzó casi por casualidad hace más de 30 años y que hoy es embajadora de la música de ese país en Argentina

marcelo quintana, el mariachi gigante, recibió a el dia en su casa

Por Redacción

Cualquiera que viva en La Plata probablemente haya visto una serenata del Mariachi El Gigante, el conjunto conducido por Marcelo Quintana que lleva más de 30 años como embajador de la música mexicana en nuestra región: desde sus comienzos en el género, en la década del noventa, tienen anotadas prolijamente en una carpeta gigante como Quintana más de 30 mil serenatas realizadas. Y en esas tres décadas, además, la música mariachi ha llevado a Quintana y su compañía por el mundo, y le ha valido premios infinitos, colocados uno encima de otro, porque ya no hay espacio, en una habitación de su casa que es a la vez un museo de sombreros, fotos, hebillas, trajes, records Guinness y otros souvenirs de una vida musical que han sacado a pasear a distintas exposiciones.

Quintana, de hecho, acaba de regresar de México, donde recibió un reconocimiento a su trayectoria otorgado por La hora del Mariachi: el jurado del premio incluía al Maestro Chuy Guzmán, del mariachi Los Camperos, a Ángel Martínez, director del prestigioso mariachi Nuevo Tecalitlán, y a Aída Cuevas, leyenda considerada la máxima exponente de la música mexicana.

Quintana charla con EL DIA de esa experiencia, rodeado de numerosos otros reconocimientos (en 2023 lo nombraron Embajador de los pueblos originarios, tiene un Cóndor de Fuego y otros reconocimientos de La hora del Mariachi), y cuenta que el camino comenzó hace más de tres décadas en un bar platense, que algunos recordarán, que se llamaba Tabasco: “Yo estaba cantando tangos en Buenos Aires, y como sabían que cantaba también canciones mexicanas, me invitaron para armar un cuarteto y cantar para los comensales”, recuerda. Funcionó. Entonces comenzaron a armar serenatas: “Cásese con mariachis”, invitaban. Fue un boom, que se sumó a apariciones televisivas y conciertos: en poco más de un lustro había pasado de cantar tangos a tejer una carrera como mariachi.

“Nosotros nunca vamos a cantar como un mexicano. Pero nos esforzamos tocando, y cada vez suena mejor”

“Pero en ese momento, no teníamos ni idea de qué se trataba el mariachi”, se ríe Quintana. Hacían las canciones emblemáticas, mientras el conjunto se iba agrandando, y el destino trajo un día al Trío Los Panchos a La Plata: el dueño del local que los contrató decidió darle una serenata al trío y los llamaron. Fue una puerta a un mundo más grande: la tarjeta del mariachi llegó a Antonio Covarrubias, que estaba organizando el primer Congreso Mundial del Mariachi, al que fueron invitados en el año 2000. Allí, se enteraron que esos trajes que vestían con tanto orgullo “eran coloniales, no mariachis”. Sobreviven en el museo, pero nunca más los usaron.

De todos modos, a aquel conjunto todavía inexperto le permitieron abrir el congreso: era la primera vez de un mariachi argentino en México, y tocaron para 100 mil mexicanos en Plaza Zócalo. “Yo vi mucha gente llorar”, recuerda Quintana.

La emoción, entiende, provenía de que el grupo sonaba “como orquesta, no como mariachis, que era lo que escuchaba el público en las películas: teníamos flauta traversa, violines, marimba, porque no teníamos arpa…”

También fue emocionante el comienzo: se estaba por largar a llover, y el locutor pidió que el público no se fuera, que ya se venía el mariachi argentino. En ese mismo momento, jura Quintana, las nubes se hicieron a un lado. Al otro día, el diario publicó: “Los argentinos hacen parar la lluvia”. Cosas del destino.

Así comenzó la historia de éxito del Mariachi Gigante en México: cuando volvieron al aeropuerto los seguían fotógrafos y medios. Y volvieron, volvieron casi todos los años. Por aquel suceso los invitaron al Séptimo Encuentro Internacional Mariachi, con mariachis de Croacia, Canadá, Colombia, Chile, Panamá, y allí recibieron su primera medalla de oro, la primera de cinco. En La Plata, mientras tanto, también crecían a pura serenata, y hasta organizaron dos galas mariachis, con entradas agotadas, en el Coliseo Podestá. “Al día de hoy nos sigue contratando gente que fue al teatro a vernos”, se ríe Quintana.

EVOLUCIÓN

El conjunto fue evolucionando año a año en ese período: compraron nuevos trajes, sombreros, y conformaron un mariachi completo: hoy tienen, cuenta Quintana, tres voces en violín, vihuela, guitarra, guitarrón, arpa y las trompetas: “Por acá pasaron más de 100 músicos: casualmente, ahora dos de nuestros músicos trabajaron en el Colón y ahora se van a Italia a aprender música clásica”.

Se convirtieron en el mariachi oficial de la embajada mexicana en Argentina, y de tanto viajar, Quintana dice que “México es mi segundo hogar. Tengo tantos amigos en México como acá”.

Por eso, los entiende como nadie. Y entiende que “si un mexicano te dice que tocás muy bien… es que dentro de él, no le gustó”.

“Yo siempre preguntaba, algunos nos decían ‘buenísimo’... y yo no les creía, los conozco”, relata. “Pero un día le pregunté a un taxista: ¿Qué me diría si le digo que soy un mariachi argentino? Y él me dio la respuesta perfecta: ¿Y usted qué me diría si le digo que soy un gaucho mexicano?”

“Nosotros nunca vamos a cantar como un mexicano. Pero nos esforzamos tocando, y cada vez suena mejor”, reconoce Quintana. Pero justamente al comprender eso es que se encuentra emprendiendo una nueva etapa: comprendió que “hay que correrse del árbol del Mariachi Vargas”, salir de la sombra de los grandes mariachis, dejar de compararse, y hacer algo diferente. “Modernizarse”, dice Quintana. Ahora se encuentran versionando clásicos de artistas argentinos con la orquesta. Una estrategia para sostener su relevancia: “Tenemos más de 30 mil serenatas, pero el público joven no nos conoce como el resto de la Ciudad”.

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